miércoles, 22 de abril de 2020

¿Como te recordarás ti mismo en unos años respecto a esta pandemia?

Quiero compartir contigo un microcuento extraído del ‘Libro de los Abrazos’ de Eduardo Galeano, ‘Un mar de fueguitos”
“Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó una historia. Dijo que había contemplado desde arriba la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
 -El mundo es eso-reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demásNo hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.”
Es precioso, ¿no os parece? Me ha hecho pensar en el fuego que quiero ser yo estos momentos, en la versión de mí mismo que quiero ofrecer a los demás… Sin duda, ¡me encantaría ofrecer la mejor versión, facilitar la vida de quien se cruce en mi camino vía Watshapp, Redes Sociales o Mail…! ¿Y vosotros?
Os invito a haceros el propósito a diario de dar lo mejor de nosotros a los que nos rodean, de poner las herramientas para hacer la vida más fácil al resto y así crear un buen recuerdo de nuestro paso por esta complicada situación. Con nuestros momentos bajos ¡por supuesto!, pero siempre buscando la mejor manera de vivir plenamente el día día.
Ahora, os vuelvo a repetir la pregunta:
¿Cómo recordarás tu YO de estos días dentro de unos años? ¿Serás un fuego que ni alumbra ni quema? ¿Un fuego sereno? ¿El fuego que llena el aire de chispas? O ¿El fuego que enciende al que se acerca a contemplarlo? ¿El fuego…?
(Fuente: Luis Galindo)

lunes, 20 de abril de 2020

Una propuesta para empezara a crecer en la adversidad durante el confinamiento

Chile. Inauguran el mayor centro de investigación nacional en cambio climático
Ha llegado a mis manos a través de Redes Sociales un relato del escritor italiano Alessandro Frezza, Se trata de una conversación entre el capitán de un barco y un marinero que se siente agobiado por no poder desembarcar en el Puerto a causa de una epidemia que les obliga a pasar la cuarentena en el barco. Reproduzco el fragmento de la conversación:
“- Capitán, el chico está preocupado y muy agitado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto, comunica uno de los marineros.
-¿Qué es lo que te inquieta chico? ¿Acaso no tienes bastante comida? ¿No duermes bastante?, pregunta el capitán al grumete.
-No es eso, capitán, no soporto no poder bajar a tierra y no poder abrazar a mi familia.
-¿Y si te dejaran bajar y estuvieras enfermo, soportarías la culpa de infectar a alguien que no puede aguantar la enfermedad?
-No me lo perdonaría nunca, aún si para mí han inventado esta peste.
-Puede ser. ¿Pero si no fuese así?
-Entiendo lo que queréis decir, pero me siento privado de la libertad capitán, me han privado de algo
-Y tú, prívate aún de algo más
-¿Me está tomando el pelo?
-En absoluto. Si te privan de algo sin responder de manera adecuada, has perdido.
-Entonces, según usted si me quitan algo, ¿para vencer debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?
-Así lo hice en la cuarentena que viví hace 7 años.
– ¿Y qué es lo que os quitasteis?
-Tenía que esperar más de 20 días sobre el barco. Eran meses en los que esperaba llegar al puerto y gozar de la primavera en tierra. Hubo una epidemia. Nos vetaron bajar a Port April. Los primeros días fueron duros. Me sentía como vosotros. Luego empecé a contestar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica.



Sabía que tras 21 días de este comportamiento se crea una costumbre, y en vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a todos los demás. Antes empecé a reflexionar sobre aquellos que tienen muchas privaciones cada día de su miserable vida y luego, decidí vencer.
Empecé con el alimento.  Me impuse comer la mitad de cuanto comía habitualmente, luego empecé a seleccionar los alimentos más digeribles, para que no se sobrecargase mi cuerpo, pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido al hombre en salud.
El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles. Para ello, me impuse leer al menos una página cada día de un argumento que no conociera.
Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco.
Un viejo hindú me había dicho años antes, que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento. Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza.
Por la tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias a cualquier entidad por no haberme dado un destino de privaciones serias durante toda mi vida.
El hindú me había aconsejado también tener la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también hacerlo para la gente querida que estaba lejos y así esta práctica también la integré en mi rutina diaria sobre el barco.
En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que haría una vez bajara a tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera.
Todo lo que podemos obtener en seguida, nunca es interesante. La espera sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso. Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron… Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de ociar, de pensar solo en lo que me habían quitado.
-¿Cómo acabó capitán?”
-Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto.
-¿Os privaron de la primavera entonces?
-Si, aquel año me privaron de la primavera, y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente, me había llevado la primavera dentro, y nadie nunca más habría podido quitármela”
Seria estupendo salir de esta situación con un nuevo aprendizaje , para salir fortalecido de ella. Ir más allá de los miedos iniciales. Transformar esos miedos que nos bloquearon en un primer momento en un trabajo de crecimiento interior. ¡Porque es normal tener miedo! ¡Y es normal sentirse vulnerable!  Tener miedo a la enfermedad, temer por nosotros y por nuestra familia y amigos, temer por la incertidumbre económica o por lo que nos deparará el futuro, tener momentos más bajos anímicamente, encontrarnos tristes por los datos que nos transmiten, momentos de rabia e incomprensión sobre la situación… ¡Es totalmente normal!
Pero hoy os quiero pedir un esfuerzo. Un pequeño-gran esfuerzo. Como bien dice en el cuento, para adquirir un hábito hace falta realizar una acción vinculada con este hábito durante un periodo de tiempo de unos 20 o 21 días. Pues bien, en este post, os quiero emplazar a que os iniciéis en algún hábito que lleváis tiempo anhelando y que, ahora, por la situación actual en la que nos encontramos podemos llevarlo a término. Os propongo que os marquéis objetivos que supongan un crecimiento personal. Bien sea aprender a cocinar, perfeccionar un idioma, acompañar a vuestros hijos en sus tareas o dedicar una parte del día a la lectura o a la música, iniciarse en la meditación, en el ejercicio… ¡Lo importante es que esté vinculado con alcanzar una meta que siempre habéis deseado!
Una vez marcado ese objetivo, tenéis que repetir esa acción durante un tiempo prudencial. Se estima que son 21 días para que lo incorpores a tu día a día. Cuando lo hayáis conseguido, es el momento de ir a por otro objetivo, a por otra meta que deseéis alcanzar… Poco a poco, paso a paso… . Incorporando hábitos sin presiones, sin importar si un día nos cuesta más que otro, incluso, sin importar si un día no lo realizamos … ¡porque volveremos a incorporarlo en los próximos días!
¿Os imagináis saliendo de esta situación más fuertes como personas? ¿Más ricos interiormente? ¿Con la primavera dentro de cada uno de nosotros como el capitán del barco italiano?
(Fuente: Luis Galindo)

miércoles, 19 de febrero de 2020

Descubrir tus valores, es darle sentido a tu vida

A lo largo la vida las personas tienen que hacer una revisión de sus valores para poder alcanzar el sentido: saber qué es lo que te importa y lo que no, para actuar en consecuencia y dirigirte a ello.
Da igual que «a priori» esos valores sean superficiales, difíciles de alcanzar o que impliquen un sacrificio a largo plazo: simplemente a ti son los que te hacen feliz y estar bien contigo misma/o.
Pero surgen algunas preguntas: ¿Qué pasa cuándo no los tengo claros? …Pues muy probablemente, me vaya a encontrar perdido/a. Por ello, vamos a ver unas metáforas y ejercicios que ayuden a que estos valores salgan a la luz. Porque descubrir tus valores es darle sentido a tu vida.

La metáfora del «Acto homenaje»

Este es un ejercicio de reflexión intenso y algo duro pero revelador y hermoso a la vez, así que te animo a hacerlo cuando creas que puedas, prestando la máxima atención Vamos a ver el relato de una metáfora para que después reflexiones acerca de ella:
«Imagina que realizan un acto para recordarte cuando ya no estés. En él, se encuentran las personas que han pasado por tu vida y que han supuesto algo para ti.
Tienen que leer lo que para ellos fuiste en la vida, lo que representaste para ellos y los demás. Leerán en voz alta : «Mi hermana, mi amiga, mi madre….una persona que se caracterizó por….». Bien, ahora quiero que pienses que es lo que te gustaría que ellos dijesen de ti, cómo te gustaría que se te recordarse.
Seguramente te disgustaría que leyeran «Mi amiga, una persona que por miedo no se atrevió a luchar por lo que sentía», «mi madre, que no tuvo suficiente tiempo para mi». Creo que a ninguno de nosotros nos gustaría escuchar eso. Así que piensa cómo te gustaría que se describiese tu paso por el mundo.
Si te gustaría que se contasen que has sido una buena amiga, alguien capaz de sobreponerse a las dificultades. Alguien que luchó por lo que quería y vivió la vida en base a sus convicciones. Reflexiona y escríbelo. Ahí tienes la primera información relevante, inferida y a grandes rasgos….de lo que a ti te importa, y por tanto; tus valores».
Esta metáfora nos pone en conexión con nuestro yo más íntimo. Muchas personas pasan por graves crisis de identidad y existenciales, y necesitan poner en orden lo que sienten y lo que quieren para caminar con sentido.Veamos ahora otra metáfora que te ayudará a perfilar lo que ya con ésta has obtenido en claro.

La metáfora de las malas hierbas y las flores

Puede ser que sepas cuáles son los valores a los que quieres encomendar tu vida, para que ésta tenga sentido y suponga un viaje agradable. Sin embargo, a veces es cómo si fuera imposible llevarlo a cabo.
Tu mente te juega malas pasadas  y los recuerdos, traumas y decepciones del pasado ocupan más tiempo y espacio en tu mente que tus logros y motivaciones. Vamos a intentar que aclares algo de esto para que puedas caminar más ligero, con sentido pero tolerando y aceptando el malestar que todo camino vital tiene:
«Imagina que tienes un jardín. Está lleno de preciosas rosas que quieres mantener.El jardín es importante para ti y conseguir mantener esas rosas y lograr que salgan otras flores sería fantástico para ti. Pero en el jardín hay también malas hierbas.
A veces pasas mucho tiempo quitando malas hierbas, pero éstas salen cada vez más fuertes y en más espacios.Por tu insistencia en que no haya en tu jardín malas hierbas, has descuidado las rosas, aquello que es lo que le da sentido a tu jardín. Se han llegado a marchitar.
Las rosas están marchitas y las malas hierbas se ven ahora más que nunca. Antes casi no se veían, porque hubo un tiempo en el que te dedicaste a tus rosas y a dejar estar las malas hierbas que nacen en cualquier jardín, pero que se quedan muy pequeñas ante la rotundidad y belleza de las grandes rosas rojas».
Reflexiona acerca de esta metáfora, y ponla en relación con lo que sucede en tu vida y tu mente : ¿Desde hace cuanto tiempo has dedicado más tiempo a eliminar malos sentimientos y pensamientos, que a luchar por lo que realmente quieres en tu vida? 
Porque los malos pensamientos son como las malas hierbas de tu jardíncuanto más te empeñas en eliminarlos, más presentes se hacen. Si los dejas estar y toleras el malestar que a veces te producen, tendrán mucho más tiempo para dedicar a esas rosas importantes en tu vida: tu independencia, autosuficiencia, viajes,pasión, superación o calma.
Tienes que luchar por aquello por lo que solo TÚ consideras importante en tu vida, sin compararte con nadie. Tus rosas, tus valores, no merecen que tu tiempo se dedique a prestar atención solo a las malas hierbas.

Diseñando la estrategia y el camino a los valores

Ahora necesitas  organizar tu estrategia para conseguir los valores que has detectado tras la reflexión de las metáforas, poniendo énfasis en lo que puedes hacer a partir ahora para conseguirlo.
Identifica las áreas valiosas de tu vida (familia, amigos, ocio, formación…etc); y establece una dirección valiosa para cada una de ellas. Escribe las acciones que estás dispuesto/a a hacer para alcanzarlas y las barreras (psicológicas y ambientales) que te ponen difícil obtener esa dirección valiosa.
Si la dirección valiosa es aprobar una oposición, establece acciones concretas a largo plazo para conseguirlo (estudio, organización del tiempo, temario, renuncias), y también las barreras que crees que tienes y que te ponen difícil esa camino (inseguridad, inestabilidad…).
Y no te olvides de hacerte otra pregunta : ¿Si no tuvieras ese problema, qué harías en tu vida para ser feliz?… Te das cuenta de que los problemas se toleran cuando de verdad algo te compensa. Porque «quién tiene un porqué, podrá soportar cualquier cómo».
(Fuente: Cristina Roda Rivera)

lunes, 25 de noviembre de 2019

¿Cómo digerir a esa persona... que no puedes tragar?



Para aligerar el malestar que te causa, puedes elaborar una lista de diez cualidades positivas que puedes percibir y apreciar en esa persona. Esto no quiere decir que tenga que gustarte; simplemente, limítate a ser objetivo y a apuntar las buenas cualidades que tiene.
¿Te parece imposible decir algo bueno de tu “enemigo”? Piensa que durante la Segunda Guerra Mundial los soldados británicos y alemanes tuvieron la posibilidad de apreciar y de leer sus recíprocas literaturas, e incluso respetaron sus técnicas de batalla. Los soldados ingleses disfrutaron oyendo a Brahms y a Beethoven.

Si puedes centrar tu mente en los buenos aspectos de la gente que pensabas que odiabas, este proceso digestivo disuelve gradualmente el odio, porque es difícil odiar a alguien que aprecias, explica Anne Naylor. Con este sencillo ejercicio puedes eliminar, o digerir, cualquier cosa que haya estado envenenando tu sistema, sin que importe cuál ha sido el motivo de tu amargura previa. Ganarás el enriquecimiento de tu propio bienestar y compasión.

lunes, 29 de abril de 2019

No importa si los hijos no resultan como esperabamos....



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Todas las madres y padres albergamos la esperanza de que ese ser que nos acompañó tanto tiempo, que albergamos en nuestras entrañas  y del que fuimos responsables desde el preciso instante en que supimos de su existencia, se convierta en un futuro muy cercano en un ser excepcional, un hombre bueno, sano, inteligente  y provechoso, que forme hermosa familia y que siempre tenga un camino lleno de luz.
Pero no todo en la vida permanecerá bajo nuestro control, por doloroso que sea nuestros hijos tomarán su camino, aunque muchas veces no es el camino que nos gustaría verlos recorrer.  Entonces surgen las dudas, lo habré hecho bien?, que deje de hacer?, fui buena madre o padre?
El caso es que hay algo importante que debemos entender, si bien somos responsables de dar las herramientas a nuestros hijos, infundir valores,  principios y todo aquello que consideramos necesitarán en algún momento de su vida, esto no significa que anulemos su libre albedrío, y que ellos priorizarán cada palabra que grabamos en su alma a la hora de tomar una decisión, aunque es lo que nos gustaría,  no siempre es la realidad.
En el peor de los casos, nuestros hijos toman rumbos dolorosos, caminos poco claros, amigos inconvenientes, parejas, vicios, actitudes… y muchas otras cosas que quisiéramos jamás hubieran conocido,  y qué madre o padre no prefiere mil veces padecer cualquier  sufrimiento antes que su hijo lo padezca?
He aquí el punto a reflexionar, es este amor tan grande, tan puro y verdadero lo que nos hace triunfadores. Un padre y una  madre tienen éxito, decida su hijo lo que decida, porque el camino que tome su hijo no les hará  dejar de amarlo jamás, su amor es incondicional, imperecedero, implacable y genuino. El amor de una madre  y de un padre trasciende todos los deseos,  todas las opiniones y todos los juicios, quizás por ello nadie comprende mejor que el corazón de un padre o una  madre y ninguna persona consiga jamás mejor asidero en el mundo que el regazo  de sus padres, con muy pequeñas  excepciones.
Si bien ser padres ya resulta una gran satisfacción, pues enseña  un amor inigualable, también resulta doloroso y en muchos casos una vida de angustia y pesar. El sólo  hecho de haber tomado la enorme responsabilidad de traer una vida a este planeta, ya las hace triunfadores, su ser trascendió la individualidad  y su amor se verá  reflejado siempre en sus hijos donde quiera que vayan.
Guía a tu hijo, pero especialmente acompáñalo,  incluso en esas decisiones que ante nuestros ojos y corazones no siempre sean las mejores, confía en tus palabras, confía en tu amor, porque pase lo que pase, ese amor que sembraste en tu hijo sera lo primero recordará  y lo último que olvidará.

domingo, 21 de abril de 2019

El éxito en la vida es cuestión de actitud

Podemos comenzar por hacernos las siguientes preguntas, ¿cuál es tu actitud de hoy? ¿cómo es tu manera de ver las cosas? ¿cómo reaccionas frente a los sucesos de la vida?.
Tener éxito en todo lo que hacemos y en cada camino que escogemos, no es cuestión de suerte, es definitivamente cuestión de actitud
Tus actitudes y comportamientos son un reflejo de lo que sientes en tu interior y de lo que los demás piensan sobre ti.
A través de la actitud tenemos la potestad de construir o destruir el éxito o el fracaso en nuestra vida, de allí que algunas personas sean capaces de irradiar buena energía tan sólo con entrar a un lugar determinado, lo mismo ocurre con aquellas que están rodeadas de pensamientos negativos.
Evidentemente, no todos los días podemos conservar una actitud positiva, enfrentamos penas y tragos amargos que no tiene sentido ocultar, sin embargo, nunca olvides que toda acción genera una reacción y ser positivo siempre nos dará ventaja frente a los avatares de la vida.
Mantener una actitud positiva frente a la vida, no tiene que resultarnos cuesta arriba, sencillamente debemos seguir algunos consejos que nos ayuden a mantener esta actitud:
En principio se agradecido, cuando prácticas la gratitud eres más feliz y de esta manera tu actitud ante la vida, siempre será más positiva y beneficiosa incluso para tu salud, en aquellos momentos de prueba donde se nos presentan obstáculos, debemos ser agradecidos con más razón todavía.
En segundo lugar, ayuda a los demás, no hay nada que llene de mayor placer que tender la mano a todo aquel que lo necesita y sin duda, siempre cultivarás una mejor actitud.
En tercer lugar, rodéate de personas positivas, elimina de tu vida todos esos pensamientos tóxicos que contaminan tu entorno, comentarios destructivos, críticas a la vida de los demás, calumnias y malas intenciones. Depurando tu entorno, podrás llenar de buenas energías todo lo que recibes de el.
En cuarto lugar, visualiza lo mejor de ti, cree en ti mismo, siempre aprende a ver lo mejor de ti, esto no significa tratar de ser extremadamente perfeccionista o ser muy duro contigo, sencillamente alimentar de forma positiva la autoestima.
Y en última instancia, practica la meditación, estos espacios de tranquilidad y serenidad te ayudarán a cultivar esas actitudes de sosiego que nos permiten depurar nuestros pensamientos y mantener una actitud más acorde con la vida que deseamos llevar, es inevitable dejarse arrastrar por la rutina y lo agobiante de las responsabilidades, sin embargo, esto no tiene que traducirse en una vida tortuosa, por el contrario, podemos hacer de nuestra vida, un panorama de armonía y placer en cada cosa que hacemos.
(Fuente: El rincón del Tibet)

lunes, 15 de abril de 2019

Cómo leer las emociones en los ojos de una persona

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Leer las emociones de alguien en sus ojos es algo que todos podemos hacer. Al fin y al cabo, la mirada es la parte del ser humano que más comunica, la que más transmite y con la que conectamos de forma más intensa. Entender todas esas pistas no verbales inscritas en los ojos de los demás nos permitirá intuir, por ejemplo, falsedad, sinceridad o la magia de la atracción
Decía Bécquer que quien puede hablar con la mirada puede incluso besar con los ojos. Es tal el magnetismo de estos órganos fascinantes que a veces no somos plenamente conscientes de todos los secretos que esconden. Así, algo que saben bien los expertos en comunicación es que, aunque muchos de nuestros comportamientos, actos y palabras pueden filtrarse por los condicionamientos sociales y por nuestra voluntad, la mirada se expresa un tipo de lenguaje que no siempre podemos controlar.
Si alguien nos atrae la pupila se dilata. También la mirada se ensancha cuando nos sorprendemos, se dirige a una dirección cuando intentamos recordar algo o baja cuando nos quedamos suspendidos en un estado de introspección. Son tantos y tan sutiles los matices que caracterizan el comportamiento de nuestros ojos que siempre es interesante conocer más información al respecto. De este modo, podemos llegar a profundizar en la mente de los demás o a leer sus emociones de un modo efectivo.

Cómo leer las emociones en los ojos

Pensemos en algo durante un momento. Si hay algo a lo que dedicamos una buena parte de nuestro tiempo es a comunicarnos con otras personas. Lo hacemos casi siempre cara a cara, buscando el contacto visual del otro, sin embargo, le prestamos una mayor atención al mensaje oral, a la palabra, a la calidad del dialogo
Cabe decir también que en los últimos años, con la llegada de las nuevas tecnologías y los sistemas de mensajería inmediata, el estilo de comunicación ha cambiado. Ya no necesitamos tener a nadie ante nosotros para decirle algo; ahora, hasta podemos trasmitir nuestra alegría, amor o enfado a través de un emoticon. Todo esto no es ni bueno ni malo, solo es diferente y sobre todo, más rápido.
Sin embargo, con ello nos perdemos el poder leer las emociones de los demás en su mirada. Nos privamos de ese placer, de ese misterio que es desvelar a base de pequeñísimos gestos y mágicos matices la calidad o complejidad de nuestras relaciones. Veamos ahora cómo llevar a cabo esta lectura, este análisis…

Los parpadeos

Cuando hablamos del lenguaje de los ojos no nos referimos solo al globo ocular y la pupila. El gran poder expresivo de nuestra mirada se orquesta sobre todo por un complejísimo entramado de nervios y músculos que intervienen en el movimiento de las cejas, los párpados, las sienes, etc.
  • Todo ello reflejan la activación emocional de cada momento, ahí donde los parpadeos, cumplen también su función. Por ejemplo, se sabe que cuando algo nos sorprende, nos indigna o incluso nos enfada, tendemos a parpadear mucho más.
  • Asimismo, también es común que se parpadee bastante cuando interaccionamos con alguien que nos agrada o cuando estamos pensando en muchas cosas a la vez.
Puede que todo ello nos parezca contradictorio, pero conviene saber que este acto, el de parpadear de forma más intensa de lo normal, es un mecanismo que pone en marcha el cerebro cuando se siente más nervioso de lo habitual. Por tanto, si deseamos leer las emociones de los demás a través de sus ojos es importante centrarnos en el contexto o en la conversación que mantenemos en ese momento.

El lenguaje de las pupilas

Nuestras pupilas se dilatan cuando vemos algo estimulante o tenemos poca luz. Si algo o alguien nos atrae, es común que la pupila se inunde como una luna llena, inmensa e iluminada por esa emoción, por ese poder de atracción. Sin embargo, cuando nos sentimos ofendidos o vemos algo que nos indigna o nos contraria la pupila se contrae.

Sincronía visual

Leer las emociones de las personas que nos gustan es algo que a todos nos gustaría poder dominar. Sin embargo, a veces no hace falta ser un experto en lenguaje no verbal para percibir la sintonía que en un momento dado, podemos establecer con un amigo, la persona que nos atrae.

Un dato curioso que nos explican los expertos sobre este tema es que cuando dos personas “conectan” se establece también una sincronía visual, es decir, los gestos visuales se mimetizan y se ponen en marcha unas mismas microexpresiones…

Miradas a los laterales: tímidos y mentirosos

Todos lo hemos experimentado alguna vez, bien cuando hablamos con algún niño o con una persona muy insegura. En lugar de mantener un contacto visual directo, se escapan por los laterales, en esos rincones donde no encontrarse con nuestro rostro, en esos espacios donde atendernos solo de soslayo, donde refugiar su extrema timidez…
Ahora bien, es destacable señalar que la personalidad mentirosa también tiene unos ojos esquivos. No es algo tan evidente como cuando estamos con un perfil tímido o con ansiedad social, y por ello, debemos poner la máxima atención a la hora de leer sus emociones e intenciones.
Quien hace uso del engaño no suele mantenernos durante mucho tiempo la mirada, tarde o temprano la llevará a un lateral, a la derecha si debe recordar algo y a la izquierda si debe hacer uso de la inventiva.
Para concluir, tal y como hemos podido deducir, los ojos, las miradas, transmiten una notable y amplísima variedad de información social y emocional que a veces se nos escapa y que nos siempre es fácil interpretar
(Fuente: Valeria Sabater)

viernes, 7 de diciembre de 2018

¿Eres de las personas que siempre están dispuesta a ayudar a otros?


Quizás eres una de esas personas que siempre está lista a ayudar a los demás. Tienes carácter amigable y te gusta servir a otros, darles lo mejor de ti. Con frecuencia puedes notar que, por un lado, tus esfuerzos no se ven compensados con una solución real para los problemas del otro; y, por otro lado, no recibes ayuda con el mismo esmero con que la brindas. Quizás esto ocurra porque no sabes lo que no debes hacer por los demás.

Tus intenciones son, seguramente, muy nobles. Y aunque colabores sin esperar realmente nada a cambio, te preguntas por qué llegan a ser tan  injustos contigo. Te frustras también porque, a pesar de todo el empeño que pones, finalmente no logras contribuir a aminorar  las dificultades de otras personas. ¿Qué pasa? Que a veces lo mejor que puedes hacer por los demás, es precisamente, no hacer nada.

La mariposa que no voló

Cuenta una vieja historia que un hombre encontró el capullo de una mariposa tirado en el camino. Pensó que allí corría peligro y entonces lo llevó hasta su casa para proteger esa pequeña vida que estaba por nacer. Al día siguiente se dio cuenta de que el capullo tenía un orificio diminuto. Entonces se sentó a contemplarlo y pudo ver cómo había una pequeña mariposa luchando para salir de allí.

El esfuerzo del pequeño animal era titánico. Por más que lo intentaba, una y otra vez, no lograba salir del capullo. Llegó un momento en que la mariposa pareció haber desistido. Se quedó quieta. Era como si se hubiera rendido. 

Entonces el hombre,preocupado por la suerte de la mariposa, tomó unas tijeras y rompió suavemente el capullo, a lado y lado. Quería facilitarle al animalito la salida. Y lo logró. La mariposa salió por fin. Sin embargo, al hacerlo, tenía el cuerpo bastante inflamado y las alas eran demasiado pequeñas, parecía como si estuvieran dobladas. El hombre esperó un buen rato, suponiendo que se trataba de un estado temporal. Imaginó que pronto, la mariposa extendería sus alas y saldría volando. Pero eso no ocurrió. El animal permanecía arrastrándose en círculos y así murió.

¿Que aprendizaje obtenemos de esta historia? En ocasiones lo que no debes hacer por los demás es querer terminar tú con sus problemas. Las adversidades o problemas que afronten ellos mismos los harán más fuertes. Tu intervención puede ser un lastre en su camino.
El hombre ignoraba que la lucha de la mariposa para salir de su capullo era un paso indispensable para fortalecer sus alas. En ese proceso, los fluidos del cuerpo del animal pasaban a las alas y era así como se convertía en una mariposa lista para volar.


No intervenir es también ayudar


La moraleja de esta historia podría describirse así: No hagas por otros nada que ellos puedan hacer por sí solos. De pretender ayudar a los demás desinteresadamente a adoptar un papel salvador que les hace, y nos hace, daño, hay solo un paso.
Ayudar sin que alguien lo haya pedido, o realizar sacrificios gigantescos por otros, puede ser un gran error. Nos puede animar un sentimiento auténtico de generosidad, pero también la motivación puede ser un deseo secreto de generar dependencias de los demás hacia nosotros.

Con esa ayuda ilimitada podemos conseguir que las personas a nuestro alrededor se vuelvan pasivas y egoístas. Además, intervenimos en su desarrollo y probablemente estemos contribuyendo para que nunca “extiendan las alas”.

De este modo, fácilmente una persona puede dejar de ser el salvador para convertirse en víctima del “salvado”. Genera las condiciones para ser objeto de la explotación de otros y son los demás quienes toman el control sobre él. Es una situación en la que nadie sale ganando.

Evitarle esfuerzos o luchas a otros, es también evitarles logros y libertad. El secreto está en darle la mano a los otros, cuando lo necesitan, no cuando lo quieren. Alguien en condición de vulnerabilidad demanda nuestra ayuda, nuestra solidaridad: una persona enferma, física o emocionalmente; alguien que se encuentra en condiciones de limitación; otro que requiere un aporte puntual para seguir adelante.
Lo que no debes hacer por los demás es arrebatarles la responsabilidad que tienen con su vida

El otro secreto es ofrecer una ayuda concreta. Ayudar a alguien no significa adoptarlo de por vida. Esto se aplica incluso con los hijos, porque el propósito es ayudarles a volar y no a seguir moviéndose en círculos eternamente. Así que la solidaridad bien entendida ofrece ayudas específicas, no contratos de apoyo a término indefinido.
Dice una máxima oriental que “Es mejor cumplir con nuestro deber que con el deber del otro, por bien que lo podamos hacer”. Gran verdad. ¿Sabías lo que no debes hacer por los demás? ¿Te has dado cuenta alguna vez que tu ayuda fue un lastre?
(Fuente: Sergio de Dios Fernandez)