jueves, 18 de febrero de 2016

Lo que otras personas piensen de ti es su realidad, no la tuya


Lo que otras personas piensen de ti es su realidad, no la tuya. 
Ellos saben tu nombre, pero no tu historia, no han vivido en tu piel, ni han calzado tus zapatos. Lo único que los demás saben de ti es lo que tú les has contado o lo que han podido intuir, pero no conocen ni a tus ángeles ni a tus demonios.
Con frecuencia nos cuesta entendernos a nosotros mismos pero nos aventuramos valientes a descifrar el código del sentir ajeno. No se puede tener ningún tipo de certeza de lo que otros sienten. De la misma forma, no podemos saber lo que han vivido y lo que han aprendido.
Por lo tanto, no deberíamos darle importancia a lo que los demás dicen de nosotros, pues sus palabras obedecen a una realidad ilusoria que su mente ha creado con el afán de saberlo todo sobre nuestra vida…

Las personas que critican

Hay personas que dan su opinión sobre ti, sobre tu vida y sobre tus decisiones aunque nadie se la haya pedido. Suelen ser opiniones malintencionadas o carentes de todo criterio cuyo único objetivo es hacer daño, menospreciar y disfrutar del pesar ajeno.
Generalmente, es gente con baja autoestima que no se acepta a sí misma, por lo que difícilmente puede aceptar a los demás. Estas personas ponen etiquetas que reflejan la realidad de cómo se sienten ellas mismas, proyectando así sus dificultades emocionales.

Somos los únicos que podemos recorrer nuestro camino

Es probable que si nos pudiésemos meter en el cuerpo y la mente de los demás, no nos atreviésemos a juzgar. No obstante, valdría la pena el ofrecimiento para poder valorar nuestra valentía. Sería una verdadera prueba de fuego.
Fantasías aparte, debemos asumir como única la responsabilidad de valorarnos y dejar de condenarnos. Lo que los demás piensen de nosotros no nos pone un precio. Es decir, del mismo modo que no dejamos que nos digan cómo debemos vestirnos, no tenemos que permitir que los demás elijan nuestro armario emocional.
Si vivimos conforme a lo que los demás piensen de nosotros, perderemos nuestro estilo y nuestra personalidad. Nos veremos obligados a colocarnos una máscara y nuestra imagen en el espejo solo reflejará nuestra inseguridad y la inexistencia de una autoestima saludable.

Curar nuestra parte dañada por la crítica

Para sanar las heridas emocionales que nos causa la crítica, debemos de tener claro, en primer lugar, que somos personas únicas y excepcionales. Conforme a esto, debemos perderle el miedo a sentir y a pensar por nosotros mismos.
Son los demás los que están juzgando y criticando, no tú. La crítica no constructiva lleva consigo gran pobreza emocional en el mundo interno de quien la realiza. Por lo tanto, si la persona no se deja enriquecer, en estas ocasiones te conviene ser emocionalmente egoísta y “que cada palo aguante su vela”.
Así pues, despréndete de la negatividad y piensa que tu vida es mucho más fácil sin meterte en la vida de los demás. Algunas claves para ello:

1.-La consecuencia directa de dar crédito a lo que los demás piensen y digan es que acabamos convirtiéndonos en alguien que no somos. Y, por supuesto, querer complacer a otros a costa de nuestra identidad no es para nada saludable.

2.- ¿Eres una buena madre? ¿Eres una persona con éxito? ¿Eres inteligente? ¿Realizas bien tu trabajo? ¿Les gustas a los demás? Date cuenta de toda la energía que pierdes preocupándote por estas cuestiones.

3.- De todas maneras, los demás piensan sobre nosotros mucho menos de lo que creemos. Es decir, solemos sentirnos el centro de las miradas del resto de la gente cuando, en realidad, puede que lo que hagamos no sea relevante para muchos de la gente de nuestro alrededor. Quítate ese miedo, es en gran parte producto de tu imaginación.

4.- Da igual lo que hagas y como lo hagas, siempre habrá alguien que lo malinterprete. Así que intenta vivir y actuar con naturalidad. Lo que tú haces porque lo sientes, siempre será lo correcto. No solo no te podrás justificar, sino que te sentirás falso si no sintonizas contigo mismo.
(Fuente: la mente es maravillosa)

domingo, 7 de febrero de 2016

Sé el fans nº 1 de tus hijos


Cuidado con lo que deseas para tus hijos.. A veces, las expectativas se superan.. 
Interesante anécdota sobre cómo influye la confianza que los demás tienen en nosotros..
Un día, Thomas A. Edison llegó a casa y le dió a su madre una nota del colegio “Mi maestro me dio esta nota y me dijo que solo se la diera a mi madre.” 
Los ojos de su madre se llenaron de lágrimas cuando  leyó en voz alta la carta: “Su hijo es un genio, esta escuela es muy pequeña para él y no tenemos buenos maestros para enseñarlo, por favor enséñele usted”. 
Muchos años después la madre de Edison falleció. El fue uno de los más grandes inventores del siglo.
Un día mirando algunos recuerdos de  familia repentinamente vio un papel doblado en el marco de una fotografía, en el escritorio. 
Lo tomó y lo abrió; en el papel estaba escrito: “Su hijo está mentalmente enfermo y no podemos permitirle que venga más a la escuela”. Edison lloró durante horas, y escribió en su diario: “Thomas Alva Edison fue un niño mentalmente enfermo, pero por una madre heroica y por ello se convirtió en el genio del siglo.

jueves, 4 de febrero de 2016

ladrones de energia


1- Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente.
2- Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle.
3- Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio.
4- Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.
5- Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad.
6- Tira, recoge y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas.
7- Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos.
8- Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria.
9- Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.
10-Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo.

domingo, 24 de enero de 2016

Como resolver problemas de comunicación en la familia



¿Quién no ha sentido curiosidad por saber lo que hacen sus hijos? Muchas veces nuestra ansiedad por conseguir respuestas no consigue más que evasivas y nuestras prisas por escuchar lo que queremos oír nos aleja de la opinión que ellos tienen sobre el tema. Todo esto se puede solucionar simplemente aprendiendo a superar los problemas de comunicación que podemos tener con nuestros hijos y que terminan alejando a la familia.
Consejos para solucionar problemas de comunicación

Si no tenemos una actitud abierta ni estamos dispuestos a escuchar nos podemos encontrar con una negativa al iniciar una conversación: “Otra vez el mismo rollo de siempre”. Y aunque seamos capaces de expresarnos de manera no verbal, con un simple gesto, en general la falta de diálogo afecta gravemente a la comunicación en familia.

Algunas pautas para  una comunicación fluida entre padres e hijos:

Elige el momento y el lugar adecuado

Intentar mantener una conversación durante la hora de la comida con la televisión encendida mientras tus hijos tienen la cabeza metida en sus móviles puede resultar complicado, y tanto la tecnología, como no saber acercarnos a nuestros hijos,representa uno de los primeros problemas de comunicación que debemos atender. Déjales su espacio, dentro de tus normas, y habla con ellos en un entorno tranquilo, cuando ellos y tú estén más relajados y la conversación pueda fluir de manera natural, es en esos momentos donde se debe aprovechar para hablar de esos temas que pueden incomodar, muchas veces.

Nunca generalices y mantén una postura positiva

Comentarios como “siempre te portas mal” no van a ayudar a tu hijo a comportarse mejor y es uno de los principales problemas de comunicación con un hijo. De hecho pueden llegar a confundirlo, porque realmente ambas partes saben que no siempre lo hace. En este sentido, es mejor mostrarles una pauta de mejora: “¿has visto lo bien que te sale ahora?”.

No uses etiquetas

El bueno, el malo, el listo, el tonto… calificar a tus hijos por un hecho puntual que ha ocurrido en el pasado o por cosas que pasan actualmente está totalmente fuera de lugar. Primero porque estamos acostumbrando a nuestros hijos a que cataloguen con total tranquilidad a las personas que los rodean y segundo, porque ellos van a asumir el rol que le indican. Presentar a tu hijo como “éste es el travieso” puede ayudarle a reforzar este comportamiento negativo, igual piensa que es lo que se espera de él.

Evita las discusiones frente a ellos

Tus hijos, aunque no lo parezca, están escuchando y en muchos casos reteniendo todo aquello que hablas con tu pareja. Un simple reproche, por ejemplo, “siempre llegas tarde” puede dar lugar a comentarios por su parte del tipo “por qué me regañas si mamá/papá hace lo mismo”.

Aprende a escuchar

Si no entiendes bien lo que tus hijos quieren decirte ayudarlos se convertirá en una tarea casi imposible. No estamos hablando solo de que aprendas algunas palabras de su jerga o de que estés al día de las actividades que le gustan. Para superar este problema de comunicación necesitas comprender cuáles son sus necesidades, que cosas le afectan más que a los demás y cuáles valora.

Se coherente

No te contradigas, si ayer algo que hizo tu hijo te pareció bien y hoy le dices que está mal vas a lograr confundirlo. En caso de que sea necesario tendrás que explicarle el motivo por el cual la situación ha cambiado y asegurarte de que lo entiende. Y por supuesto, practica con el ejemplo, es difícil que tu hijo cambie algo de su comportamiento si tú estás haciéndolo todo el tiempo.

Sin reproches

Empezar una conversación recordando constantemente los errores cometidos no suele acabar bien. Por el contrario, hablar con tu hijo en una posición inicial de igualdad puede ayudarle a que sea partícipe de la misma, a que entienda con naturalidad lo que quieres expresarle y ponga de su parte para solucionarlo.

No tengas prisa

A veces estamos ansiosos por escuchar de la boca de nuestros hijos las palabras que deseamos oír. Igual ha hecho algo que consideramos inaceptable y queremos una disculpa y arrepentimiento inmediatos. Pero esto no suele funcionar así. Construye tu argumento de una manera sólida y que la conversación te lleve a donde quieres ir (o a donde tenga que ir) para que él pueda darse cuenta por sí mismo de lo que ha hecho y por qué debe evitarlo en el futuro.
(Fuente: Vida Lúcida)

sábado, 16 de enero de 2016

El billete de 20 euros

Una profesora en clase saca de su cartera un billete de 20 euros y lo enseña a sus alumnos a la vez que pregunta: "¿A quién le gustaría tener este billete?". Todos los alumnos levantan la mano.

Entonces la profesora coge el billete y lo arruga, haciéndolo una bola. Incluso lo rasga un poquito en una esquina. "¿Quién sigue queriéndolo?". Todos los alumnos volvieron a levantar la mano.

Finalmente, la profesora tira el billete al suelo y lo pisa repetidamente, diciendo: "¿Aún queréis este billete?". Todos los alumnos respondieron que sí.

Entonces la profesora les dijo: 
"Espero que de aquí aprendáis una lección importante hoy. Aunque he arrugado el billete, lo he pisado y tirado al suelo... todos habéis querido tener el billete porque su valor no había cambiado, seguían siendo 20 euros. 
Muchas veces en la vida te ofenden, hay personas que te rechazan y los acontecimientos te sacuden, dejándote hecho una bola o tirado en el suelo. Sientes que no vales nada, pero recuerda, tu valor no cambiará NUNCA para la gente que realmente te quiere. Incluso en los días en los que sientas que estás en tu peor momento, tu valor sigue siendo el mismo, por muy arrugado que estés".

viernes, 15 de enero de 2016

¿Que ocurre cuando intentas salvar a alguien?


¿Qué estás haciendo?, le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol. "Estoy salvándole de perecer ahogado", me respondió. (Fabula china)

El ilustre Ben Tahir, guerrero valeroso y hábil gobernante, vivía con sus dos hijas en su hermoso palacio. Desde que ambas nacieron quiso educarlas con inteligencia y sensibilidad, y por eso dejó la educación de las niñas al cuidado del mayor sabio de su tiempo, Abu al Jadá.

Cada mañana, Ben Tahir sonreía contemplando los juegos de sus hijas en el jardín de palacio, y las veía comportarse con elegancia, sencillez y decoro. Pero un día, para sorpresa de todos, las dos hermanas empezaron a pelearse. Sin poder dar crédito a lo que veían sus ojos, el padre se les acercó a toda prisa y preguntó al maestro Abu cuál era el motivo de la trifulca.
Es por una naranja, mi Señor – le reveló éste.
¿Por una naranja?
Así es, mi Señor. Este año el naranjo nos ha dejado sólo una.
¡Pues que dividan inmediatamente la naranja en dos mitades, una para cada niña!. ¡Es lo más justo y equilibrado! – dijo Ben Tahir, sin dudarlo un instante.

Se sentía satisfecho, pues su decisión había sido sabia, equitativa y justa.
Sin embargo observó que ninguna de sus hijas pareció alegrarse con la solución, y ambas se retiraron en silencio a sus habitaciones, tristes y alicaídas.

¿Por qué mis hijas continúan tristes? ¿Cómo es posible? – preguntó Ben Tahir, desconcertado.
El sabio Abu le respondió:
Quizá el partir la naranja en dos mitades se revela ahora como algo  tonto, Gran Señor.
¿Acaso me insultáis?, vasallo.
No Señor, sólo digo que prestando más atención a sus hijas podría haber alcanzado un reparto mejor.
¿Cómo dices, viejo Abu?
De haber preguntado, en lugar de decidir por ellas, se habría dado cuenta que consistía en dar toda la piel a quien de ellas la pretendía sólo para ralladura, y así elaborar un pastel, y dar toda la pulpa a la otra quien deseaba comérsela sin más.

Cada vez que hacemos algo por alguien sin que nos lo pida, y aunque nos cueste entenderlo al principio, significa que estamos limitando la capacidad de que haga por sí misma. Este proceder la debilita y victimiza más. Del esfuerzo se aprende, nos ayuda a sacar nuestro potencial, aumenta la creatividad y aprendemos a aprovechar nuestro potencial. 
Pregunta, observa, deja que decidan en definitiva que aprendan a su ritmo.
Que hagan algo por nosotros claro que es cómodo y placentero, pero es un arma de doble filo, si se alarga en el tiempo corremos el riesgo de caer en dependencia. Dejamos de sentirnos útiles y a la larga seremos excesivamente demandantes. 
"Corremos el riesgo que un mono acabe matándonos con su exceso de cuidados".

martes, 12 de enero de 2016

La envidia ¿como evitar sentirla?



La envidia es un angustioso sentimiento de tristeza, rabia y frustración por el deseo de algo que no se posee pero que otro tiene.
La envidia generalmente se enfoca hacia personas de nuestro entorno cercano como familiares, vecinos o compañeros de trabajo. Y es que realmente es más fácil envidiar a un vecino que a un escritor famoso. 
Se puede envidiar algo material como una casa o un coche… o algo intangible como el carácter de otra persona, su puesto de trabajo, el poder que ella tiene o su estatus social.

La envidia es un sentimiento desconcertante ya que mezcla emociones contradictorias: por un lado, se admira lo que la otra persona ha conseguido y, por otro, se siente pesar, enfado y frustración por no tener ese bien ajeno que consideramos indispensable para ser feliz. "Donde reina la envidia no puede vivir la virtud" Miguel de Cervantes.
La persona envidiosa es insaciable y nunca estará satisfecha, ya que no disfruta o aprecia lo que ella misma posee, sino que dedica todo su energía en el deseo de posesión de lo que los otros tienen en lugar de dedicarse a cumplir sus propios objetivos. 

La envidia es un fenómeno psicológico que se produce de forma muy común y que hace sufrir tanto al envidioso como a sus propias víctimas, produciendo al afectado sentimientos de fracaso, melancolía y rencor que pueden hasta afectar la salud física, mental y emocional: insomnio, trastornos de apetito, ansiedad y depresión. "La envidia es el único vicio que no produce ningún placer a nadie".

Claves para evitar sentir envidia o enfocarla de una manera sana:

1.- Reconoce que tienes envidia 

"Grande es aquel que para brillar no necesita apagar la luz de los demás".
La envidia brota de forma espontánea y natural. No trates de reprimir o negar este sentimiento. Acéptalo y trabaja para transformarlo en algo positivo. La envidia es un sentimiento que cuesta reconocérnoslo a nosotros mismos: pocas cosas nos hieren tanto como que nos digan “tú lo que tienes es envidia”. A menudo y sin darnos cuenta, la envidia que sentimos se expresa indirectamente a través de críticas constantes hacia las personas que poseen algo que ambicionamos o deseando que estas personas fracasen.
Dice un proverbio japonés que cuando todos estaban elogiando la cola del pavo real, el resto de pájaros exclamaron "pero miren sus patas". El envidioso arruina el placer ajeno y siempre pone un "pero" ante los halagos ajenos. 

2.- Analiza el origen de tu sentimiento

"¿Por qué siento codicia por lo que posee otra persona? ¿Qué es lo me crea una ambición tan desmedida?".
A menudo haber crecido en un ambiente en el que se inculca la competitividad o se exige un alto rendimiento personal genera más probabilidades de desarrollar una personalidad envidiosa.
Piensa que el origen de la envidia está dentro de ti mismo, no culpes a los demás de los sentimientos que tú tienes. Ten presente que eres tú quien creas tus propias emociones.

3.- Madura tu personalidad

"La envidia es una declaración de inferioridad", Napoleón Bonaparte
Una persona segura de sí misma, que ha madurado, no siente envidia. Las personas con baja autoestima o inseguras siempre están comparándose con los demás. Creen que no reúnen las suficientes cualidades y se sienten inferiores. Las personas con problemas de autoestima suelen mirar hacia fuera y no hacia dentro.
Asimismo, las personalidades narcisistas o egocéntricas, con ansias por destacar o ser el centro de atención se sienten amenazadas por los éxitos y la felicidad de los demás. Sumidas en la envidia, viven en continua competencia contra todo el mundo que tienen a su alrededor.
De manera similar, las personalidades muy perfeccionistas son también muy proclives a desarrollar sentimientos de envidia. Los perfeccionistas sienten que no están a la altura de sus propias expectativas o que no cumplen aquellos cánones impuestos por la sociedad. Así pues, ante esto ,les invade una terrible sensación de fracaso que les genera una tremenda ansiedad y les lleva a envidiar a los demás.

4.- No te compares con nadie

"La envidia es la gran adversaria de los afortunados", Jorge Luis Borges.
Recuerda que siempre habrá gente que tenga más cosas que tú, pero también menos. Unas personas destacarán por una cualidades y otras llamarán la atención por otras virtudes. El envidioso es un insatisfecho que secretamente siente mucho rencor contra las personas que tienen algo que él desea, pero que cree que no puede, o a veces ni siquiera intenta, alcanzar.

Un grado de ambición siempre es aconsejable para superarse a uno mismo en la vida, pero nunca debe fundamentarse en la comparación con los demás. La otra persona no es forzosamente más lista o mejor profesional, sino que simplemente ha aprovechado mejor sus oportunidades. Usa tu envidia de manera positiva como fuente de motivación para lograr tus objetivos. Es mejor admirar que envidiar.

5.- Valora lo que tienes

"Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay otras muchas montañas por escalar".
Piensa lo que tú tienes y recuerda que siempre habrá cosas que te falten. Mira a tu alrededor y dentro de ti. Recuerda a las personas que te quieren, fíjate en el paisaje que te rodea o en tu salud... da gracias por lo que tienes de bueno en tu vida. 
Quien sufre de envidia siempre está insatisfecho consigo mismo y con lo que tiene.La persona envidiosa no disfruta de sus propios logros porque está demasiado ocupada codiciando lo siguiente que desea alcanzar.

6.- Ponte en el lugar del otro

"Cuando alguien juzgue tu camino, préstale tus zapatos".
Piensa que no tienes pleno conocimiento de la vida de la persona a la que envidias. A lo mejor tu jefe tiene un excelente puesto de trabajo, pero puede que se sienta muy solo en su vida personal. Puede ser que tu amiga esté dotada de una gran belleza pero a lo mejor carece de tu inteligencia. 

7.- Confía en ti mismo sin subestimarte ni sobrevalorarte

"La confianza en uno mismo es el primer secreto del éxito".
Tú no tienes que competir con nadie ni demostrarle nada a nadie, sino que debes tratar de conseguir la mejor versión de ti mismo. 

8.- Establece tus propias metas en función de tus posibilidades

"La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento", Jackson Brown.
Las referencias para guiar las metas que una personas desea alcanzar deben ser siempre las propias posibilidades personales y nunca lo que otros hayan conseguido. El afán de superación puede servir para dirigir a la persona a lograr sus sueños, pero primero uno debe conocerse bien a sí mismo para distinguir cuáles son sus verdaderos deseos. Ten en cuenta que aunque veas muy feliz a tu hermano en una casa en el campo llena de niños y sientas envidia, puede que eso no sea lo que a ti te conviene o en el fondo desees. 

9.- No te victimices

"Si actúas como una víctima, es probable que seas tratado como tal", Paulo Coelho
Ten en cuenta que la envidia genera victimismo. En vez de responsabilizarnos de lo que tenemos en nuestra vida, nos quejamos de lo que tienen los demás y tendemos a culparles por los males que padecemos.
Esta tendencia además tiende a deformar la realidad viendo todo lo que nos rodea exageradamente negativo, así creemos la botella está “medio vacía” en lugar de “medio llena”. 
Por eso, debes establecer tus propios objetivos y metas enfocando en ellos tu energía evitando caer en la espiral de rencor. Acepta tu vida tal como es, puedes cambiar en ella lo que no te guste, pero sin compararte a través de la envidia. Además piensa que tú no pierdes nada porque al otro le vayan magníficamente las cosas. 

10.- Busca el lado positivo de las cosas 

"La persona más feliz no es la que más tiene, sino aquella que aprovecha mejor lo que tiene".
Procura mirar la vida con optimismo. Estos significa "ver lo bueno antes que lo malo". En vez de tener pensamientos tales como "mi vida es un desastre, nada me sale bien", es muy útil decirse a uno mismo frases motivadores tales como “todo va a salir bien, debo esforzarme y tener confianza” o buscar el lado positivo ante los fracasos: “la próxima vez lo haré mejor, voy a salir adelante”.
Por eso, vive el presente de la mejor manera posible tratando de no angustiarte u obsesionarte con el futuro. Es importante ser responsable o previsor, pero también lo es disfrutar de los pequeños logros, de lo que ya conseguiste y de las personas que te quieren.

11.- Evita criticar a los demás
 
"Lo que criticas en otros, está en ti. Lo que no está en ti, no lo ves", Alejandro Jodorowski.
El alimento de la envidia es la crítica. Los comentarios destructivos generan infelicidad en nuestro interior alimentando la ira y el rencor hacia el prójimo. De hecho, la mayoría de las críticas no son constructivas. Para disolver el sentimiento de envidia, deberíamos reconocer los méritos logrados por los demás y sus virtudes. Por ejemplo, no pensar “saca las mejores notas de la clase porque es un asqueroso empollón”, sino “saca las mejores calificaciones porque es una persona muy trabajadora” y un paso más allá sería poder animarnos a nosotros mismos: “Yo también puedo mejorar mis notas si trabajo más”.

12.- Aléjate de personas envidiosas
 
"El que habla de los defectos de los demás, con los demás habla de los tuyos", Denis Diderot
Si a tu alrededor hay personas que sólo presumen de sus logros para hacerte sentir mal o que continuamente critican y desprestigian a los demás, aléjate de ellos porque no te aportarán una relación de amistad sana. Mañana puedes ser tú su objeto de envidia, imagina lo que dirán de ti a los demás o lo que harán para desprestigiarte. 

14.- Busca ayuda profesional si el sentimiento de envidia te supera

"El silencio del envidioso está lleno de ruidos", Khalil Gibran
Haber sentido envidia en algún momento es normal ("tú tienes eso y yo también quisiera tenerlo"), pero una obsesión hacia algo o alguien puede convertirse en un grave problema ("tú tienes eso, te detesto por ello y quiero que dejes de tenerlo para que sea mío"). Tal y como se puede observar, la segunda frase genera un sentimiento de envidia bastante más insano que la primera.
De hecho, bastantes depresiones, infelicidades o ansiedades tienen origen en sentimientos de envidia.
Además la envidia influye en gran medida en las relaciones interpersonales tanto familiares como profesionales impidiendo que éstas se desarrollen con normalidad.
Por tanto, si una persona se ve arrebatada por la envidia y siente que es incapaz de manejarla, lo mejor es pedir ayuda profesional a un psicólogo o a un terapeuta para encauzar de manera adecuada este sentimiento que tanto desgaste emocional nos puede causar.
(Fuente: Dolores Velazquez)

domingo, 13 de diciembre de 2015

No es más inteligente el que más nota saca


Durante muchos años se ha creído que el niño que mejor sumaba y restaba o el que más nota sacaba de la clase era el más inteligente. Nadie preguntaba si ese niño sabía cantar, o cómo se relacionaba con los demás. En los últimos años, esto ha cambiado. Ahora se sabe que debemos educar para resolver los problemas que nos encontremos en la vida, no para destacar en el colegio», asegura Esperanza García Ruíz, coordinadora pedagógica de las escuelas infantiles Alaria y asesora de la juguetería Imaginarium.
El responsable de este radical giro en la educación, es el psicólogo norteamericano Howard Gardner, Príncipe de Asturias en la categoría de Ciencias Sociales por su teoría de las ocho inteligencias: la lingüística, la lógico-matemática, la visual-espacial (dibujar, interpretar un mapa), la musical, la corporal (danza, deportes), la intrapersonal (conocimiento de uno mismo), la interpersonal (conocimiento de los demás) y la naturalista (observación y clasificación de las cosas).
Este concepto, dado a conocer por este laureado profesor de Harvard allá por los años ochenta, está ahora más en boga que nunca. De hecho su tesis, además de reconocer al máximo nivel capacidades que antes eran menospreciadas frente a las habilidades académicas tradicionales, ha obligado a muchos pedagogos a intentar replantear el sistema educativo. Aunque en las primeras etapas todos tenemos que aprender lo mismo, no todos lo hacemos de la misma forma, ni en el mismo momento. Cada uno tiene sus tiempos, y es importante respetarlos.
Las familias también tienen mucho que decir de esto. Es importante que los padres sepan que ninguna inteligencia es más que la otra. Todas son igual de importantes.Es fundamental que los padres sepan detectar cuanto antes en qué destacan, qué es lo que más les gusta a sus hijos, o aquello que les resulta más fácil aprender. Y ojo, porque muchos deben hacer un gran esfuerzo por ser realistas y separar entre lo que a ellos les gustaría que fuera el niño y lo que este de verdad es. Como dice Gardner, es crucial no proyectar en ellos tus prioridades, pasiones ni debilidades. También deben conocer aquello que más les cuesta, para darles apoyo en esa área.
¿Cómo? Ofreciéndoles estímulos de todo tipo para que jueguen, manipulen, se muevan… Los niños aprenden jugando. Pero igual de importante es saber ilusionar a los más pequeños en el aprendizaje. Además los padres se pueden llevar más de una sorpresa. La inteligencia no es estática y, por fortuna, el ser humano está aprendiendo durante toda su vida.
(Fuente: auladeideas)

martes, 8 de diciembre de 2015

La rebelión adolescente en seno de la familia



La adolescencia es una etapa complicada, supone la transición de la niñez a la vida adulta y está repleta de cambios en diferentes ámbitos, físicos, cognitivos, emocionales, sociales, sexuales, etc. Es una etapa, por lo tanto, de preparación, de maduración, de búsqueda de la identidad y desarrollo de la personalidad. 
Los adolescentes de repente se encuentran con un cuerpo de adultos, con una capacidad cognitiva de adulto, con un rol social que les exige demandas de adultos, sienten y piensan de manera diferente, pero aún no han aprendido a desenvolverse con estos nuevos factores, aún no saben desenvolverse en las nuevas situaciones. Están con las emociones a flor de piel y una revolución hormonal en marcha, buscando su propia identidad y desarrollando su personalidad.

El adolescente y la familia
Para las familias, enfrentarse a la tarea de educar a un hijo/a adolescente, puede convertirse en una ardua tarea, en ocasiones bastante complicada. Es una nueva etapa en la que es importante reajustarse al nuevo rol de los adolescentes, ya no son niños/as y por lo tanto requieren dejar de ser tratados como niños/as, e ir desarrollando su autonomía e independencia al tiempo que reafirman su identidad y personalidad. Sin embargo, tampoco son adultos y por lo tanto, no pueden enfrentarse por sí solos a demandas de adultos, aunque ya hayan alcanzado las capacidades de un adulto, les falta la experiencia y el aprendizaje que les permita desenvolverse con éxito.

Todo esto es una complicada tarea para las familias, que deben enfrentarse también a los cambios que experimentan los adolescentes y las repercusiones de estos cambios y esta etapa. Las emociones a flor de piel y la necesidad de reafirmarse, junto con la desorientación que viven al enfrentarse a múltiples cambios, conllevan a una situación donde predomina la rebeldía y los conflictos son constantes.

La rebeldía adolescente en el seno de la familia
Es habitual que sea en el seno de la familia, donde los adolescentes dejen salir su rebeldía. Su necesidad de reafirmarse y desarrollar su autonomía, hacen que tiendan a cuestionarse y transgredir las normas establecidas. Aunque esto sea un quebradero de cabeza para las familias, es algo normal y necesario para su desarrollo sano. Si queremos que sean adultos con una personalidad madura y con propio criterio, es importante entender que deben desarrollar su autonomía y cuestionar lo establecido.

Es muy habitual observar como los adolescentes, entran en conflicto y responden, defendiendo su punto de vista e incluso atacando el punto de vista ajeno (cuando no, a la persona ajena). Esta conducta tiene su explicación, están ensayando maneras de comportarse, es una preparación para afrontar conflictos (como adultos que tienen su propio criterio), en diferentes situaciones. Es importante conocer todas estas características de los adolescentes y su conducta, para poder guiarles y orientales en su proceso de desarrollo.

10 Claves para tratar con la rebeldía adolescente
- Entiende la etapa por la que están pasando y ten mucha paciencia.
- No te lo tomes como algo personal o como algo que sea culpa tuya. Es una etapa natural y necesaria, por lo tanto no puedes evitar la rebeldía.
- Permite que desarrollen su autonomía y su responsabilidad. Déjales decidir en pequeñas cosas, y poco a poco deja que sean más las decisiones que vayan tomando.
- Procura no estar siempre encima de ellos/as. En la adolescencia el grupo de amigos cobra más importancia, y la familia queda un poco de lado (en comparación con etapas anteriores). Es necesario para su desarrollo social y para reafirmar su identidad. No puedes controlar todo, ni saberlo todo y menos cuanto más lo intentes. En esta etapa tenemos que aprender a estar pendientes de ellos, desde la distancia. Dejar que actúen por si solos, observando como lo hacen y guiando su conducta.
- Procura no entrar en discusiones con ellos. Para ello es bueno ofrecerles opciones, si les das a elegir entre varias opciones, no podrán oponerse a lo que hayan elegido.
- Escúchales de forma activa. Procura ir más allá de lo que dicen y llegar a la emoción que subyace debajo. Muéstrales tu comprensión, pero mantente firme en lo establecido.
- Cuida y refuerza su autoestima. Critica las acciones y no a ellos, emplea el elogio creíble, no etiquetes, ni compares y acéptales tal y como son.
- No les trates como a niños/as, ya no lo son.
- Educa con tu ejemplo. Evita para ello los gritos y muéstrales maneras de discutir y defender la opinión de cada uno, sin atacar a nadie.
- Déjales su espacio y respeta su intimidad. En esta edad necesita  su intimidad, como espacio para reafirmarse más que en etapas anteriores. Estar con uno mismo les ayuda a conocerse.
(Fuente: Celia Rodriguez)

jueves, 3 de diciembre de 2015

Trucos para frenar la "rumia mental"

Le tenía que haber dicho aquello, ¿por qué no fui a esa cita?, le diré esto cuando le vea… ¿Te suenan estas frases? ¿Te las repites una y otra vez en silencio? Si es así, bienvenido a la rumia mental o dicho de otro modo, al arte de" comerse la coco" sin ningún sentido.Nos estrujamos la cabeza para aprender, para planificar el futuro o para no volver a cometer errores. Hasta aquí todo bien. El problema surge cuando confundimos ocuparse con preocuparse. Lo primero es necesario y gracias a ello, hemos conseguido evolucionar como especie. Sin embargo, la preocupación constante, la rumia mental, no solo no ayuda, sino que nos debilita por dentro. Nos hace claramente infelices, porque¿quién podría sentirse bien con alguien recordándole todo el rato que se ha equivocado, que es un inútil, que mira lo que el otro ha pensado de ti, etc., etc.? El problema es que ese “alguien” está en nuestra cabeza y no siempre es fácil darle esquinazo. Así que seamos prácticos. Asumamos que tenemos esta “habilidad” de auto amargarnos y busquemos algunas claves que nos alivien para llevarnos un poco mejor con nosotros mismos.
1. Contempla las emociones, no te embarres en ellas
Una cosa es sentirse mal por haberse equivocado y otra es regodearse en el lodo del error. O pensar que algo puede ir mal a estar agobiado por un futuro que no sabemos si va a existir. ¿Solución? Volver al momento presente. ¿Cómo? Con el cuerpo, el mejor de los presentes que hay.
Cuando uno se concentra en la respiración, en bailar, en el deporte… en todas las sensaciones corporales posibles deja la cabeza de dar vueltas por el pasado y por el futuro. El motivo es fácil: el cuerpo está solo en el presente. Cuando nos fijamos en lo que hay en el presente no hay miedo ni estrés. Por eso, una de las técnicas que más éxito está teniendo en los últimos tiempos es el mindfulness y que consigue reducir la rumia mental en un 30 por ciento y el malestar después de ocho semanas de entrenamiento.
Ahora bien, la contemplación de las emociones requiere entrenamiento y es la mejor alternativa, pero si te cuesta, busca otros cortafuegos, como pensar en tu respiración, hacer trabajos manuales que te distraigan poniendo la atención en ellos (claro, no consiste en construir aviones o tejer punto y seguir con la cabeza dándole vueltas), hacer deporte y centrarte en los pasos que das y toda aquella actividad que te requiera movimiento y que te haga estar en el presente.
2. Tranquilízate. Nuestra cabeza suele agrandar los errores
Solemos agrandar el impacto de lo que hemos hecho a otros (no todo el mundo, de acuerdo. Hay gente profundamente narcisista, pero son la minoría). Nos repetimos mil veces lo mal que hemos quedado en un momento dado delante de la gente y nos olvidamos que el resto tienen la misma habilidad de torturarse a sí mismos, por lo que van a dedicar un tiempo maravilloso en recordarse sus propios errores y no tanto criticar los nuestros. Además, la memoria es selectiva. Recordamos aquello que queremos recordar. Y mientras tú lo puedes ver muy oscuro, el resto lo puede recordar como gris. Por ello,ante un error del pasado, por ejemplo, acéptalo (no te pelees en justificarte, que eso crea más rumia mental), saca aprendizajes y no magnifiques lo que los demás han pensado de ti. Muy probablemente estés equivocado. 
3. Deja la bola de cristal
Atención al dato: se estima que el 92 por ciento de nuestros miedos son inventados.Cuando pensamos en el futuro subestimamos nuestras capacidades de rehacernos de los posibles golpes. Por eso, nos llenamos de miedos, que no son otra cosa que rumia mental. Por ello, confía más en ti y ten previsto otras alternativas ante un error posible. Si has salido en el pasado de momentos difíciles, ¿quién te dice que no lo vas a lograr en el futuro? Así que deja la bola de cristal que solo ve cosas oscuras y vuelve al presente y a tus posibilidades reales.
4. Crea un espacio amable dentro de ti
Y por último, trátate un poco mejor. Sé consciente cuando te dices perlas tipo “mira que soy idiota” o cosas así (o peores) y no consientas que nadie ni tú mismo te trate mal.No lo necesitas para mejorar. Presta atención y siente un poco de compasión por ti mismo. Al fin y al cabo, todos somos humanos.
(Fuente: Pilar Jerico)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

¿Cómo motivar a tu hijo en los estudios?



Muchos padres están realmente preocupados porque sus hijos se encuentran desmotivados en los estudios: no hacen los deberes, no prestan atención en clase, no tienen interés por sacar buenas notas…

Parece que, a estos niños, todo lo relacionado con los estudios les resulta indiferente. 

¿Qué hacer para motivar a tu hijo con los estudios?

En primer lugar, ten presente que no todo depende de los padres: no está completamente en tus manos conseguir que le guste estudiar, y menos de un día para el otro.
Hay muchos más factores que están influyendo en la motivación académica de tu hijo: su entorno escolar (compañeros, profesores, ambiente en el centro…), sus ideas de futuro profesional, sus expectativas académicas, su propia personalidad, su situación emocional presente…

En una edad de importantes cambios vitales y en la que se da una progresiva adquisición de autonomía, no es de extrañar que otros asuntos (socializar con amigos, primeros amoríos, diversión y descubrimientos) le resulten más interesantes que plantarse delante del libro de texto a hacer deberes o estudiar.

Respeta los intereses de tu hijo

Por eso, es habitual que los hijos pasen por un momento de “crisis” con respecto a los estudios, pero tras algunos años algunos niños recobran de forma natural el interés y la curiosidad por aprender y estudiar.
Otros, por el contrario, prefieren dedicarse a otras actividades no relacionadas con lo intelectual pero igualmente respetables que les motivan de una forma más intensa.
Es importante tener en cuenta que no todos tenemos interés por lo mismo: existe una inmensa variedad de opciones, y cada uno es bueno en lo que le gusta.
Aun así, los jóvenes tienen capacidad para comprender que es muy recomendable terminar la formación escolar mínima para tener una mayor amplitud de oportunidades de trabajo, siempre sabiendo que nadie les va a obligar a continuar estudiando en el futuro si no es eso lo que desean hacer.

Siete consejos para motivar a tu hijo en los estudios

1.- Proporciónale un buen espacio para estudiar

Parece una tontería, pero no lo es. Un espacio acogedor y organizado, sin distracciones (móvil, ordenador, juegos… ¡fuera!), ordenado y limpio, bien iluminado, con un escritorio amplio y despejado de cosas inútiles es mucho más motivador que un lugar incómodo donde sólo colocarse para estudiar ya es un esfuerzo añadido.
Si tu hijo estudia en la cama o en alguna parte de la casa donde haya factores distractores (como la cocina, el salón, o en el caso de que comparta habitación), te propongo crearle un espacio especial para él que le invite a sentarse a estudiar como un “adulto maduro”
Además, proporcionarle un sitio exclusivo de estudio es un símbolo mediante el cual le estás transmitiendo: “Tú tienes derecho a tener tu espacio, y yo respeto que lo que tú haces, que es estudiar, es algo importante y merece ser valorado”.

2.- Ponte con tu hijo delante de un papel donde esté la lista de sus asignaturas, y ve preguntando por ellas una a una, escuchando lo que el niño tiene que decir de todas ellas.

Es importante que estés enterado a fondo de cuál es su situación en cada materia: dónde ve las dificultades a nivel de temario, si ha tenido algún problema con el profesor, si posee un bloqueo especial con esa clase, si ha habido algún tipo de conflicto…
Es positivo que tu hijo sienta que estás al tanto de su situación y que conoces a fondo cómo se desenvuelve en el colegio.
Unos padres que no se interesan por el funcionamiento de su hijo más que para ver sus notas y juzgarle a final del trimestre, implica un hijo con más probabilidades de fracaso escolar.

3.- Siéntate con tu hijo para negociar, con tranquilidad y tiempo, hasta llegar a plantear unos objetivos realistas en cuanto a sus estudios.

Si le está yendo mal en muchas asignaturas, no puedes pretender que el objetivo sea aprobarlas todas y con buena nota.
Es importante trabajar con metas concretas y accesibles, realistas a la hora de cumplirlas.
Es útil establecer un premio para cada una de esas metas cuando se consigan. Es preferible que esos refuerzos no sean principalmente de cosas materiales, sino más bien experiencias o permisos.
¡Y cuidado con los castigos! Mejor no los utilices si no tienes claro cómo hacerlo.

4.- Ayúdale a elaborarse un horario organizado de trabajo
 
Especificar qué asignaturas trabajará en cada momento, descansos y otras actividades obligatorias o de ocio.
Este horario no ha de ser rígido, porque en ocasiones resulta imposible cumplirlo y hay que remodelarlo.
Aun sabiendo que el horario es flexible y puede ser modificado puntualmente, la propuesta es seguirlo lo máximo posible.
¿Qué tal si te elaboras tú también un horario de las horas que estés en casa y os proponéis cumplirlo juntos, cada uno el suyo?
Siempre decimos que la mejor forma de enseñar es el ejemplo, si le pedimos a nuestros hijos que cumplan algo, nosotros hemos de ser los primeros capaces de cumplirlo…

5.- Haz todo lo posible para que tu hijo no asocie los estudios y los deberes a una obligación desagradable, riñas, discusiones y gritos… 

Procura que el momento de hacer los deberes o estudiar sea un momento más del día, agradable y reforzante para él.
Los comentarios positivos cuando ves que se está esforzando ayudan muchísimo a que se sienta orgulloso y motivado.
Si ves que tu hijo lo acepta bien, puedes ponerte cerca de él mientras estudia a hacer alguna actividad tranquila como leer un libro.
Puede que esta compañía le resulte agradable, siempre respetuosa y en silencio,  y le motive compartir ese momento con un adulto.
Déjale claro que no lo haces para controlarle, sino porque te agrada estar junto a él.

6.- Reflexiona con tu hijo sobre su futuro: ¿Qué quiere ser de mayor? 

 Conteste lo que conteste, respeta y apoya.
Intenta no reflejar en él tus deseos personales.
Tener objetivos a largo plazo y relacionarlos con las decisiones presentes puede ayudar al niño a motivarse. Trabaja también con los objetivos a corto plazo.

7.- Olvídate de frases comparativas del estilo “yo a tu edad…”o “mira tu hermano…”

Estas frases no tienen ningún efecto positivo sobre el niño: más bien al contrario; producen una actitud desafiante y negativa, un rebote con ansias de decir “yo soy diferente”.
En todo caso, las comparaciones son odiosas: pueden dañar su autoestima y hacer que todo acabe complicándose más. 
Atento por si hay otras razones detrás
A veces, el bajo rendimiento académico funciona como una sirena escandalosa que nos da la señal de alarma: algo está ocurriendo en ese joven.
¿Qué cambios han ocurrido recientemente en su vida que hayan podido afectarle, ya sea en el ámbito escolar o en cualquier otro?
No siempre encontrar la causa es la solución, pero sí nos ayuda a comprender y a centrar el foco.
¡Ayuda a tu hijo a comprender que estudiando no te está haciendo un favor a ti, sino a sí mismo!
(Fuente: Estefania Mónaco)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Cómo enseñar a un niño a ser feliz



Cada vez que pregunto en sesión a los padres ¿qué es lo que más deseas para tu hijo? responden: "Buena salud, buena formación y que sea feliz". Aún así, observamos un aumento gradual de la depresión en niños y adolescentes.

¿Qué es eso de ser feliz? ¿Se puede enseñar a ser feliz? ¿Sabemos los adultos ser felices? ¿Qué es la salud psicológica?

Para la psicología, la felicidad es una sensación de satisfacción con la vida, un sentimiento asociado al optimismo. Para la gente en general es un concepto cercano al hedonismo. Después de una noche en la que el bebé no deja de llorar no es placer lo que sientes. ¡A veces educar, como crecer, no es un asunto demasiado divertido, pero podemos sentirnos muy felices de ser padres!

La ciencia que estudia la felicidad, prefiere hablar de bienestar psicológico. Sugiere que nos sienta bien aquello que nos ayuda a crecer y nos hace más fuertes. Darse un masaje nos da placer, pero no nos cambia la vida. Educar a los hijos de manera positiva es un desafío que nos obliga a crecer con ellos y a adaptarnos a su propia evolución. Estas son algunas de las herramientas que nos ayudan a lograrlo:

1. Cultiva las emociones

Lo primero es escucharles, sin negar, minimizar o culparles. Evita pronunciar frases como "no entiendo por qué te pones así" o "eso es una tontería". Sus problemas son grandes oportunidades para enseñarles a encontrar soluciones.
Las emociones positivas les ayudan a avanzar. Los niños son juguetones y felices, exploran su mundo. Proporcionales el vocabulario emocional para que nombren estos sentimientos.

Juego uno: Los mejores momentos. Antes de ir a la cama, recordad los tres mejores momentos del día. Los del niño y los tuyos. Si te cuentan una pesadilla, cambia el guión y haz que el sueño acabe con final feliz.

2. Relaciones positivas

Hay pocas cosas positivas que sean solitarias. La relación con los demás es la variable más importante para medir nuestra satisfacción vital. Y la soledad real o sentida, una de las situaciones más incapacitantes para niños y adolescentes.

La familia ideal no debe centrarse sólo en satisfacer las necesidades del niño, sino en las relaciones positivas de todos sus miembros. Anima a tus hijos a ponerse en el lugar de los otros para desarrollar la empatía, una habilidad clave para la vida.

Un estudio de la Universidad de Michigan confirma que las buenas relaciones en el hogar favorecen la salud. Si dedicas 20 minutos al día a cuidarlas tendrás tres veces más salud que si los empleas en correr en la cinta.

Juego dos: Hadas y dragones. Una vez, el niño/a será el hada o el mago que representan la alegría. Tú, un dragón colérico. Alterna los roles. Enseña al niño a manejar conflictos y a expresar sus diferentes emociones.

3. Establece y alcanza metas

Es una gran satisfacción conseguir algo que te has propuesto aunque te cueste mucho esfuerzo, ¿verdad? Hay que fomentar que los niños tengan sus metas y favorecer que aprendan a tolerar la frustración que antecede al éxito. Es importante no brindarles todas las soluciones a sus problemas. Hay que ayudarles a ganar pero también necesitan fracasar y, sobre todo, aprender a superarlo. Elogia de forma selectiva su esfuerzo. Al fomentar el triunfo barato, se producen fracasos muy caros, según dice el psicólogo Seligman.

Juego tres: Cuento inventado. Idea un relato donde tú digas una frase y el niño, otra. Así hasta que consigáis una narración construída a vuestro gusto.

4. Enséñale a fluir

¿Recuerdas uno de esos momentos en el que estabas haciendo alguna actividad y el tiempo pasaba sin que te dieras cuenta? El bienestar y el desarrollo del talento tienen que ver con saber concentrarse y fluir. Seguro que habrás visto alguna vez a tu hijo tan concentrado que parecía que no había niño. Cuando eso ocurra no le hables. Se llama juego libre y es uno de los ingredientes de la creatividad y la felicidad infantil. Ayúdale a desarrollar el silencio y la capacidad de estar consigo mismo sin interrupción.

Juego cuatro: La estrella. La atención plena o 'mindfulness' es una actitud de calma que nos permite vivir el momento presente. Les guiaremos para que imaginen que tienen una estrella en lo alto de su cabeza. Una luz blanca que entra por la cabeza, baja por los brazos y las manos, el cuerpo, las piernas y los pies. Si son bebés, respira lenta y profundamente abrazado a ellos para que escuchen el sonido de tu respiración.

5. Da sentido a lo que hace

Como adultos nos damos cuenta de que ser altruista puede proporcionar mucho mayor bienestar que hacer algo sólo pensando en uno mismo.
Si haces que tu hijo sienta que forma parte de algo más grande que él mismo, como su familia, grupo, colegio, ciudad, mundo, etc., le darás una enorme fuente de bienestar y seguridad.

Juego cinco: Ser amables. Los elefantes que se rascan. Juega con tu hijo a regalar amabilidad. Pensad en algo totalmente inesperado y agradable que pueda hacer por otro miembro de la familia y anímale a que lo lleve a cabo como un regalo personal hacia esa persona. La risa es también una buena estrategia. Juega a poner tu espalda contra la suya y rascaros sin manos como lo hacen los elefantes. Prueba con tu pareja. ¡Verás como funciona!

jueves, 5 de noviembre de 2015

Recobrar el entusiasmo.- 10 minutos geniales




El 4 de noviembre de 2015 asistí a una interesante y divertida charla titulada "Recobrar el Entusiasmo" dirigida a Pymes y Autónomos que organizaba Caja España-Duero en Valladolid impartida por Victor Küppers. Ole, ole, y ole!!!
Me quedo con que: 

"En la vida lo mas importante es que lo mas importante tiene que ser lo mas importante."
Las personas somos como bombillas,“unas van 30.000 Vatios y otras fundidas, transmitimos sensaciones y captamos las sensaciones que transmiten los demás”.
Victor Küppers, nos enseña una fórmula, en la que analiza cuánto vales como persona: (C+H) x A es decir [(Conocimientos + Habilidades) x Actitud]. A las personas se nos conoce por la forma de ser y por eso eres grande. Cuando estamos desanimados perdemos la forma de ser.

Victor Küppers nos indica, qué se puede hacer para ir con las pilas cargadas:


Aprender a ser agradecido: “Tú no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. No valoramos todo lo que tenemos a nuestro alrededor, hay que ser agradecido con lo que tenemos. Seguro que tenemos problemas pero también cosas fantásticas.
Tener ilusiones: Debemos de tenerlas, porque nuestro entorno si está desanimado nos puede afectar, hay que crearse ilusiones. Y para ello hay que recordar que lo mejor de nuestras vidas es “GRATIS”.

“El entorno nos puede hacer cambiar nuestra forma de ser, pero nosotros somos los que decidimos nuestra actitud”

Hay que luchar cada día para ser mejor persona, y sumar los instantes fantásticos que nos ocurren, ya que afrontaremos todos los retos de una manera positiva. Y tener en cuenta que la vida es como una partida de cartas, hay que jugarla con lo que nos ha tocado.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Quiérelo cuando mas lo necesite


Un precioso mensaje de "los abuelos" a sus hijos sobre la educación de los nietos adolescentes. Habla la voz de su experiencia.

Quierelo cuando te grite y no quiera saber de ti. Cuando su mundo se derrumbe y crea que tu eres la causa, no te rindas. Todo pasa. 
Quiérele cuando todo le salga mal y no haya salida. Demuéstrale que sí, que sólo es una caída. 
A veces ofrecerás tu ayuda y otras... Otras tendrás la duda. Porque la adolescencia es una etapa de decisiones e indecisiones. Así que enséñale, aunque las quiera tomar solo. Y si sale mal, dale tu apoyo. 

Y acepta que haga su camino aunque a veces signifique que tú cambies el tuyo, porque hace ya años que tú encontraste el camino, pero, como él, también estabas perdido.

A su edad tú también cuestionabas todo y no querías pautas o reglas de ningún modo. Pero una madrugada, tras una larga noche fuera, me aseguraste que estabas buscando tu lugar en el mundo, me confesaste que habías tomado decisiones, que tenías un plan, un proyecto de vida. Yo no te entendía pero recuerdo que te miré a los ojos y comprendí que en todo caos siempre hay un poco de orden. En ocasiones hay que perderse para poder encontrarse.
Por eso, cuando veas que le quema el fuego por dentro, recuerda que a su edad tú también saltaste. Y aunque muchas veces fallaste, otras muchas no. Con el tiempo quizás logre ser el protagonista de su vida y entender que la autonomía y la libertad no están exentas de responsabilidad. Comprenderá que la buena suerte tiene sus reglas, y ésta se obtiene con esfuerzo y cuando menos te lo esperas. Así que hasta entonces si te ruge su fiera, espera. Y aprende a lidiar con ella.
¿Prefieres que sea gato o pantera? Habrá veces que se pierda, y entonces llore, grite y muerda. Es normal, hay trayectos muy escondidos y momentos donde se dará por perdido, pero tú tendrás que estar ahí incondicionalmente, ser su faro y, cuando la noche le encuentre, guiarlo sin reparo. Y si aún así no puede y el viaje se hace largo, recordarle que siempre, siempre, tú le ofrecerás amparo.



sábado, 31 de octubre de 2015

Los monstruos del suponer


Existen varias razones por las que las personas suponemos en vez de vivir de manera consciente nuestra realidad. La primera de ellas es la excitación que produce para nuestra mente el imaginar la cantidad de cosas que pueden suceder a raíz de otras.
Promueve a su vez una serie de proyecciones que nos hacen vivir en el presente situaciones que aún no han sucedido, y que muy probablemente, ni siquiera lleguen jamás.

Estas suposiciones vienen acompañadas de todas las “sensaciones” y emociones que producen los pensamientos que causa pre-vivirlas. Y van de la mano a su vez del estrés y los nervios que causa suponer cosas que aún no han acontecido… Un maravilloso círculo que se alimenta en nuestra mente y nos eleva fuera del presente, del ahora.
El mayor problema que nos trae suponer es que, cuando lo hacemos, creemos que lo que suponemos es cierto. Damos por hecho que todo lo que imaginamos sucederá. Y por supuesto, la mayoría de nuestras suposiciones son negativas, casi catastrofístas.
Ocupamos un tiempo suponiendo decenas de situaciones o circunstancias que pueden darse, todas con una enorme carga negativa. ¿Y cuando no sucede nada de lo que habíamos pensado? No dedicamos ni un minuto a decirnos a nosotros mismos lo “inútil” que ha sido el tiempo que hemos mal gastado ni a pedirnos perdón por todas las emociones tóxicas que hemos regalado de manera gratuita a nuestro interior.
Y es que, hacemos todo tipo de suposiciones por que nos falta valor para preguntar. ¿Qué sucedería si en el momento en el que comenzamos la nociva aventura de suponer, en ese mismo instante, preguntáramos? Entonces, obtendríamos una respuesta que cerraría cualquier opción a la imaginación de situaciones que nunca sucederán.
El cerebro necesita respuestas, explicaciones. No puede vivir en la incerteza. Y por eso lo alimentamos de explicaciones que nos inventamos, y que se formulan a partir de nuestros miedos, inseguridades, bloqueos y necesidades.
Lo mejor para no suponer es preguntar, no dejar lugar a la suposición. Y sobre todo, vivir fuera de las limitaciones, y en la calma y la tranquilidad de que suceda lo que suceda, construirá un futuro mejor en nuestras vidas.
Para las Personas Altamente Sensibles, suponer es algo que sucede de manera constante. Es verdad que para el resto de las personas que tienen una menor sensibilidad, es probable que no lleguen a suponer tantas situaciones, o que ni siquiera se preocupen de que pasará.
Para estas personas la maleta de emociones que trae consigo el suponer, puede llevarles a situaciones de estrés y nerviosismo por una simple suposición, que más tarde nunca se dará.
Puede ser que no nos demos cuenta y nos encontremos en suposiciones constantes, sin vivir el presente de una manera consciente. Es algo bastante común en las personas altamente sensibles. Les abruman las emociones y las situaciones que se dan a su alrededor, y muchas veces viven muy deprisa sin percatarse de que lo importante es el ahora, el presente.
¿Entonces que hacer? Tranquilos. Simplemente  comenzar a tomar conciencia de vuestra alta sensibilidad, y con ello ir declarando vuestro ritmo. A su vez, tenéis que ser conscientes de que el 99% de las cosas que imaginas que sucederán, nunca lo harán. ¿Para que gastar mi vida viviendo algo que nunca ocurrirá?
No proyectéis en lo negativo. Preguntad en lugar de suponer, y sobre todo, vivir el presente de vuestra vida, y disfrutad de vuestra sensibilidad.
(Fuente: Terapia y emociones)