sábado, 11 de marzo de 2017

No esperes nada de nadie, espéralo todo de tí




En ocasiones, solemos poner expectativas muy altas en determinadas personas. Es algo inevitable y una costumbre que practicamos todos nosotros de un modo más o menos frecuente: pensar que tu pareja debe apoyarte en todo lo que haces sin discrepar, esperar que tu familia resuelva todos tus problemas o que tus amigos, estén ahí cada vez que los necesitas.
Establecer unas expectativas muy altas en quienes nos rodean, es también un modo de coacción, casi una obligación moral a que cumplan nuestros deseos. Es un modo de vetar sus libertades, cuando en realidad, de quien debemos esperarlo todo es de nosotros mismos.

Pasamos gran parte de nuestra vida “esperando cosas”, y que las personas, actúen a su vez de acuerdo a lo que pensamos de ellas. No obstante, no somos del todo conscientes que “esperar” es en ocasiones sinónimo de “desear”, y ahí está implícita una pequeña manipulación.

Siempre será mejor que las personas que forman parte de nuestra vida actúen con plena libertad y con voluntad propia. Si hacen algo por nosotros es porque así lo han querido desde lo más profundo de su corazón, y como tal, lo agradecemos, pero si no lo hacen, no es algo que deba preocuparnos u obsesionarnos.
Es de nosotros mismos de quien hemos de esperarlo todo, tú quién debes ser capaz de resolver tus problemas sin “someter” a otros a dicha obligación, tú quien debes afrontar tus miedos y no proyectarlos en los demás….

El peligroso poder de las expectativas

“No esperes nada de nadie, espéralo todo de ti”. Es posible que esta afirmación te haya parecido algo contundente. No obstante, estamos seguros de que te habrás identificado en alguna situación en la cual, esta idea describe muy bien lo ocurrido. Las personas creamos expectativas diariamente y en cada momento, y dentro de estas expectativas, se inscribe además cierta ilusión.

Puedes crearte unas expectativas muy concreta sobre tu pareja: el que siempre estará contigo, el que no renunciará a nada por ti y serás siempre su mayor prioridad. Sin embargo, están a punto de llegar las vacaciones y te comunica, por ejemplo, que quiere ir a un viaje con sus amigos/as. Una parte de ti no puede evitar sufrir una gran decepción, una pequeña parte de tus expectativas se han fragmentado y no sabes cómo afrontarlo.

¿Significa esto que tu pareja no te quiere? En absoluto. Se trata simplemente, de que tú mismo/a te habías construido unos esquemas demasiado idealistas. En este caso el riesgo ha estado en esa expectativa en la cual, se había instalado una anticipación, y además, se había predicho varios acontecimientos futuros que ahora empiezan a fallar.

Las personas tenemos una tendencia casi natural a anticipar hechos, y a atribuir suposiciones sobre los demás a través del “yo espero”, “yo deseo”. Y cuando algo falla, aparece la desilusión y sobre todo la decpeción ¿Y sabes en qué se inscribe y de qué se alimenta la decepción la mayoría de las veces? De expectativas muy concretas y esperanzas en las que habíamos instalado una “certeza” demasiado elevada.

Nunca des nada por sentado, la decepción será menor siempre y cuando evites las altas expectativas y los apegos exagerados, y a su vez, seas capaz de ofrecer libertad a los demás. Espéralo todo de ti, porque tú eres el artífice de tu propia vida.

Huye de las certezas, acepta lo imprevisto

Sabemos que cuesta, sabemos que no es fácil aceptar que la vida es cambiante, que quien te quiere hoy puede que ya no te necesite mañana, que quien ahora te apoya puede que dentro de una hora no piense lo mismo. ¿Cómo afrontar tantas incertezas cotidianas? Ten presente de nuevo esta frase “No esperes nada de nadie, espéralo todo de ti”.

Manteniendo el equilibrio y siendo el mástil de tu propia vida, porque eres tú esa persona en la que siempre debes confiar en primer lugar, tú quien debes resolver tus propios miedos y llenar tus vacios. No amarres a nadie a esa obligación, a tener que solucionar tus cosas o a ser el esclavo de tus expectativas por miedo a decepcionarte en algún momento.

Deja que te quieran en libertad y sin sometimientos, permite que hagan cosas por ti si así lo desean, y si no lo hacen, no los sanciones ni te hundas, déjales ser como quieran que sean. Sé tú como quieres ser, aprende andar por el mundo con seguridad y con madurez, construyendo tu propia felicidad con respeto a los demás. Espéralo todo de ti y vive en armonía con los demás.

(Fuente: Valeria Sabater)

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