lunes, 29 de abril de 2019

No importa si los hijos no resultan como esperabamos....



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Todas las madres y padres albergamos la esperanza de que ese ser que nos acompañó tanto tiempo, que albergamos en nuestras entrañas  y del que fuimos responsables desde el preciso instante en que supimos de su existencia, se convierta en un futuro muy cercano en un ser excepcional, un hombre bueno, sano, inteligente  y provechoso, que forme hermosa familia y que siempre tenga un camino lleno de luz.
Pero no todo en la vida permanecerá bajo nuestro control, por doloroso que sea nuestros hijos tomarán su camino, aunque muchas veces no es el camino que nos gustaría verlos recorrer.  Entonces surgen las dudas, lo habré hecho bien?, que deje de hacer?, fui buena madre o padre?
El caso es que hay algo importante que debemos entender, si bien somos responsables de dar las herramientas a nuestros hijos, infundir valores,  principios y todo aquello que consideramos necesitarán en algún momento de su vida, esto no significa que anulemos su libre albedrío, y que ellos priorizarán cada palabra que grabamos en su alma a la hora de tomar una decisión, aunque es lo que nos gustaría,  no siempre es la realidad.
En el peor de los casos, nuestros hijos toman rumbos dolorosos, caminos poco claros, amigos inconvenientes, parejas, vicios, actitudes… y muchas otras cosas que quisiéramos jamás hubieran conocido,  y qué madre o padre no prefiere mil veces padecer cualquier  sufrimiento antes que su hijo lo padezca?
He aquí el punto a reflexionar, es este amor tan grande, tan puro y verdadero lo que nos hace triunfadores. Un padre y una  madre tienen éxito, decida su hijo lo que decida, porque el camino que tome su hijo no les hará  dejar de amarlo jamás, su amor es incondicional, imperecedero, implacable y genuino. El amor de una madre  y de un padre trasciende todos los deseos,  todas las opiniones y todos los juicios, quizás por ello nadie comprende mejor que el corazón de un padre o una  madre y ninguna persona consiga jamás mejor asidero en el mundo que el regazo  de sus padres, con muy pequeñas  excepciones.
Si bien ser padres ya resulta una gran satisfacción, pues enseña  un amor inigualable, también resulta doloroso y en muchos casos una vida de angustia y pesar. El sólo  hecho de haber tomado la enorme responsabilidad de traer una vida a este planeta, ya las hace triunfadores, su ser trascendió la individualidad  y su amor se verá  reflejado siempre en sus hijos donde quiera que vayan.
Guía a tu hijo, pero especialmente acompáñalo,  incluso en esas decisiones que ante nuestros ojos y corazones no siempre sean las mejores, confía en tus palabras, confía en tu amor, porque pase lo que pase, ese amor que sembraste en tu hijo sera lo primero recordará  y lo último que olvidará.

domingo, 21 de abril de 2019

El éxito en la vida es cuestión de actitud

Podemos comenzar por hacernos las siguientes preguntas, ¿cuál es tu actitud de hoy? ¿cómo es tu manera de ver las cosas? ¿cómo reaccionas frente a los sucesos de la vida?.
Tener éxito en todo lo que hacemos y en cada camino que escogemos, no es cuestión de suerte, es definitivamente cuestión de actitud
Tus actitudes y comportamientos son un reflejo de lo que sientes en tu interior y de lo que los demás piensan sobre ti.
A través de la actitud tenemos la potestad de construir o destruir el éxito o el fracaso en nuestra vida, de allí que algunas personas sean capaces de irradiar buena energía tan sólo con entrar a un lugar determinado, lo mismo ocurre con aquellas que están rodeadas de pensamientos negativos.
Evidentemente, no todos los días podemos conservar una actitud positiva, enfrentamos penas y tragos amargos que no tiene sentido ocultar, sin embargo, nunca olvides que toda acción genera una reacción y ser positivo siempre nos dará ventaja frente a los avatares de la vida.
Mantener una actitud positiva frente a la vida, no tiene que resultarnos cuesta arriba, sencillamente debemos seguir algunos consejos que nos ayuden a mantener esta actitud:
En principio se agradecido, cuando prácticas la gratitud eres más feliz y de esta manera tu actitud ante la vida, siempre será más positiva y beneficiosa incluso para tu salud, en aquellos momentos de prueba donde se nos presentan obstáculos, debemos ser agradecidos con más razón todavía.
En segundo lugar, ayuda a los demás, no hay nada que llene de mayor placer que tender la mano a todo aquel que lo necesita y sin duda, siempre cultivarás una mejor actitud.
En tercer lugar, rodéate de personas positivas, elimina de tu vida todos esos pensamientos tóxicos que contaminan tu entorno, comentarios destructivos, críticas a la vida de los demás, calumnias y malas intenciones. Depurando tu entorno, podrás llenar de buenas energías todo lo que recibes de el.
En cuarto lugar, visualiza lo mejor de ti, cree en ti mismo, siempre aprende a ver lo mejor de ti, esto no significa tratar de ser extremadamente perfeccionista o ser muy duro contigo, sencillamente alimentar de forma positiva la autoestima.
Y en última instancia, practica la meditación, estos espacios de tranquilidad y serenidad te ayudarán a cultivar esas actitudes de sosiego que nos permiten depurar nuestros pensamientos y mantener una actitud más acorde con la vida que deseamos llevar, es inevitable dejarse arrastrar por la rutina y lo agobiante de las responsabilidades, sin embargo, esto no tiene que traducirse en una vida tortuosa, por el contrario, podemos hacer de nuestra vida, un panorama de armonía y placer en cada cosa que hacemos.
(Fuente: El rincón del Tibet)

lunes, 15 de abril de 2019

Cómo leer las emociones en los ojos de una persona

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Leer las emociones de alguien en sus ojos es algo que todos podemos hacer. Al fin y al cabo, la mirada es la parte del ser humano que más comunica, la que más transmite y con la que conectamos de forma más intensa. Entender todas esas pistas no verbales inscritas en los ojos de los demás nos permitirá intuir, por ejemplo, falsedad, sinceridad o la magia de la atracción
Decía Bécquer que quien puede hablar con la mirada puede incluso besar con los ojos. Es tal el magnetismo de estos órganos fascinantes que a veces no somos plenamente conscientes de todos los secretos que esconden. Así, algo que saben bien los expertos en comunicación es que, aunque muchos de nuestros comportamientos, actos y palabras pueden filtrarse por los condicionamientos sociales y por nuestra voluntad, la mirada se expresa un tipo de lenguaje que no siempre podemos controlar.
Si alguien nos atrae la pupila se dilata. También la mirada se ensancha cuando nos sorprendemos, se dirige a una dirección cuando intentamos recordar algo o baja cuando nos quedamos suspendidos en un estado de introspección. Son tantos y tan sutiles los matices que caracterizan el comportamiento de nuestros ojos que siempre es interesante conocer más información al respecto. De este modo, podemos llegar a profundizar en la mente de los demás o a leer sus emociones de un modo efectivo.

Cómo leer las emociones en los ojos

Pensemos en algo durante un momento. Si hay algo a lo que dedicamos una buena parte de nuestro tiempo es a comunicarnos con otras personas. Lo hacemos casi siempre cara a cara, buscando el contacto visual del otro, sin embargo, le prestamos una mayor atención al mensaje oral, a la palabra, a la calidad del dialogo
Cabe decir también que en los últimos años, con la llegada de las nuevas tecnologías y los sistemas de mensajería inmediata, el estilo de comunicación ha cambiado. Ya no necesitamos tener a nadie ante nosotros para decirle algo; ahora, hasta podemos trasmitir nuestra alegría, amor o enfado a través de un emoticon. Todo esto no es ni bueno ni malo, solo es diferente y sobre todo, más rápido.
Sin embargo, con ello nos perdemos el poder leer las emociones de los demás en su mirada. Nos privamos de ese placer, de ese misterio que es desvelar a base de pequeñísimos gestos y mágicos matices la calidad o complejidad de nuestras relaciones. Veamos ahora cómo llevar a cabo esta lectura, este análisis…

Los parpadeos

Cuando hablamos del lenguaje de los ojos no nos referimos solo al globo ocular y la pupila. El gran poder expresivo de nuestra mirada se orquesta sobre todo por un complejísimo entramado de nervios y músculos que intervienen en el movimiento de las cejas, los párpados, las sienes, etc.
  • Todo ello reflejan la activación emocional de cada momento, ahí donde los parpadeos, cumplen también su función. Por ejemplo, se sabe que cuando algo nos sorprende, nos indigna o incluso nos enfada, tendemos a parpadear mucho más.
  • Asimismo, también es común que se parpadee bastante cuando interaccionamos con alguien que nos agrada o cuando estamos pensando en muchas cosas a la vez.
Puede que todo ello nos parezca contradictorio, pero conviene saber que este acto, el de parpadear de forma más intensa de lo normal, es un mecanismo que pone en marcha el cerebro cuando se siente más nervioso de lo habitual. Por tanto, si deseamos leer las emociones de los demás a través de sus ojos es importante centrarnos en el contexto o en la conversación que mantenemos en ese momento.

El lenguaje de las pupilas

Nuestras pupilas se dilatan cuando vemos algo estimulante o tenemos poca luz. Si algo o alguien nos atrae, es común que la pupila se inunde como una luna llena, inmensa e iluminada por esa emoción, por ese poder de atracción. Sin embargo, cuando nos sentimos ofendidos o vemos algo que nos indigna o nos contraria la pupila se contrae.

Sincronía visual

Leer las emociones de las personas que nos gustan es algo que a todos nos gustaría poder dominar. Sin embargo, a veces no hace falta ser un experto en lenguaje no verbal para percibir la sintonía que en un momento dado, podemos establecer con un amigo, la persona que nos atrae.

Un dato curioso que nos explican los expertos sobre este tema es que cuando dos personas “conectan” se establece también una sincronía visual, es decir, los gestos visuales se mimetizan y se ponen en marcha unas mismas microexpresiones…

Miradas a los laterales: tímidos y mentirosos

Todos lo hemos experimentado alguna vez, bien cuando hablamos con algún niño o con una persona muy insegura. En lugar de mantener un contacto visual directo, se escapan por los laterales, en esos rincones donde no encontrarse con nuestro rostro, en esos espacios donde atendernos solo de soslayo, donde refugiar su extrema timidez…
Ahora bien, es destacable señalar que la personalidad mentirosa también tiene unos ojos esquivos. No es algo tan evidente como cuando estamos con un perfil tímido o con ansiedad social, y por ello, debemos poner la máxima atención a la hora de leer sus emociones e intenciones.
Quien hace uso del engaño no suele mantenernos durante mucho tiempo la mirada, tarde o temprano la llevará a un lateral, a la derecha si debe recordar algo y a la izquierda si debe hacer uso de la inventiva.
Para concluir, tal y como hemos podido deducir, los ojos, las miradas, transmiten una notable y amplísima variedad de información social y emocional que a veces se nos escapa y que nos siempre es fácil interpretar
(Fuente: Valeria Sabater)

viernes, 7 de diciembre de 2018

¿Eres de las personas que siempre están dispuesta a ayudar a otros?


Quizás eres una de esas personas que siempre está lista a ayudar a los demás. Tienes carácter amigable y te gusta servir a otros, darles lo mejor de ti. Con frecuencia puedes notar que, por un lado, tus esfuerzos no se ven compensados con una solución real para los problemas del otro; y, por otro lado, no recibes ayuda con el mismo esmero con que la brindas. Quizás esto ocurra porque no sabes lo que no debes hacer por los demás.

Tus intenciones son, seguramente, muy nobles. Y aunque colabores sin esperar realmente nada a cambio, te preguntas por qué llegan a ser tan  injustos contigo. Te frustras también porque, a pesar de todo el empeño que pones, finalmente no logras contribuir a aminorar  las dificultades de otras personas. ¿Qué pasa? Que a veces lo mejor que puedes hacer por los demás, es precisamente, no hacer nada.

La mariposa que no voló

Cuenta una vieja historia que un hombre encontró el capullo de una mariposa tirado en el camino. Pensó que allí corría peligro y entonces lo llevó hasta su casa para proteger esa pequeña vida que estaba por nacer. Al día siguiente se dio cuenta de que el capullo tenía un orificio diminuto. Entonces se sentó a contemplarlo y pudo ver cómo había una pequeña mariposa luchando para salir de allí.

El esfuerzo del pequeño animal era titánico. Por más que lo intentaba, una y otra vez, no lograba salir del capullo. Llegó un momento en que la mariposa pareció haber desistido. Se quedó quieta. Era como si se hubiera rendido. 

Entonces el hombre,preocupado por la suerte de la mariposa, tomó unas tijeras y rompió suavemente el capullo, a lado y lado. Quería facilitarle al animalito la salida. Y lo logró. La mariposa salió por fin. Sin embargo, al hacerlo, tenía el cuerpo bastante inflamado y las alas eran demasiado pequeñas, parecía como si estuvieran dobladas. El hombre esperó un buen rato, suponiendo que se trataba de un estado temporal. Imaginó que pronto, la mariposa extendería sus alas y saldría volando. Pero eso no ocurrió. El animal permanecía arrastrándose en círculos y así murió.

¿Que aprendizaje obtenemos de esta historia? En ocasiones lo que no debes hacer por los demás es querer terminar tú con sus problemas. Las adversidades o problemas que afronten ellos mismos los harán más fuertes. Tu intervención puede ser un lastre en su camino.
El hombre ignoraba que la lucha de la mariposa para salir de su capullo era un paso indispensable para fortalecer sus alas. En ese proceso, los fluidos del cuerpo del animal pasaban a las alas y era así como se convertía en una mariposa lista para volar.


No intervenir es también ayudar


La moraleja de esta historia podría describirse así: No hagas por otros nada que ellos puedan hacer por sí solos. De pretender ayudar a los demás desinteresadamente a adoptar un papel salvador que les hace, y nos hace, daño, hay solo un paso.
Ayudar sin que alguien lo haya pedido, o realizar sacrificios gigantescos por otros, puede ser un gran error. Nos puede animar un sentimiento auténtico de generosidad, pero también la motivación puede ser un deseo secreto de generar dependencias de los demás hacia nosotros.

Con esa ayuda ilimitada podemos conseguir que las personas a nuestro alrededor se vuelvan pasivas y egoístas. Además, intervenimos en su desarrollo y probablemente estemos contribuyendo para que nunca “extiendan las alas”.

De este modo, fácilmente una persona puede dejar de ser el salvador para convertirse en víctima del “salvado”. Genera las condiciones para ser objeto de la explotación de otros y son los demás quienes toman el control sobre él. Es una situación en la que nadie sale ganando.

Evitarle esfuerzos o luchas a otros, es también evitarles logros y libertad. El secreto está en darle la mano a los otros, cuando lo necesitan, no cuando lo quieren. Alguien en condición de vulnerabilidad demanda nuestra ayuda, nuestra solidaridad: una persona enferma, física o emocionalmente; alguien que se encuentra en condiciones de limitación; otro que requiere un aporte puntual para seguir adelante.
Lo que no debes hacer por los demás es arrebatarles la responsabilidad que tienen con su vida

El otro secreto es ofrecer una ayuda concreta. Ayudar a alguien no significa adoptarlo de por vida. Esto se aplica incluso con los hijos, porque el propósito es ayudarles a volar y no a seguir moviéndose en círculos eternamente. Así que la solidaridad bien entendida ofrece ayudas específicas, no contratos de apoyo a término indefinido.
Dice una máxima oriental que “Es mejor cumplir con nuestro deber que con el deber del otro, por bien que lo podamos hacer”. Gran verdad. ¿Sabías lo que no debes hacer por los demás? ¿Te has dado cuenta alguna vez que tu ayuda fue un lastre?
(Fuente: Sergio de Dios Fernandez)

viernes, 30 de noviembre de 2018

El metodo Kaizen


Lo más interesante del método Kaizen es que te invita a proponerte objetivos tan pequeños, que fallar se vuelve prácticamente imposible. Es un modelo eficaz. 
El método Kaizen es un modelo de mejora continua que en principio se aplicó al mundo empresarial. Sin embargo, resultó tan funcional que poco a poco fue introduciéndose en otros ámbitos y hoy en día se aplica a prácticamente todos los aspectos de la vida. Tuvo su origen en Japón, en el marco del concepto de gestión de calidad.
El método Kaizen hunde sus raíces en el taoísmo. La palabra kaizen etimológicamente significa ‘acción de enmendar en pro de un beneficio’. Dicho beneficio se refiere a un aporte colectivo, no a un bien individual. En ese sentido, este método está concebido desde una perspectiva altruista. Se mejora día a día para hacer mejor el mundo.
En el método Kaizen la mejora no es un logro puntual, sino un proceso continuo, una forma de vida. Para muchos, fue este método el que logró convertir a Japón en una de las grandes potencias mundiales, luego de estar completamente devastado al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Aunque resulta muy útil en los procesos empresariales, aquí nos concentraremos en su aplicación para la vida personal.
El método Kaizen y la mejora constante
Se parte de la idea de que si mejoras un 1% tu vida cada día, a medio y largo plazo alcanzarás una gran transformación. El Kaizen se basa en la idea de que es más inteligente hacer mejoras pequeñas, pero continuas, en lugar de proponerte grandes transformaciones que muchas veces no se concretan precisamente por su tamaño.
Este método ha probado ser muy eficaz porque elimina dos grandes obstáculos para el cambio. El primero de ellos: el temor a cambiar.Como la propuesta no es introducir grandes modificaciones, la angustia es menor. También se alimentan expectativas más realistas y, por lo tanto, se dan menos desilusiones.
De otro lado, el método Kaizen ayuda a impedir que se produzca la tendencia tan común a procastinar esto es, a posponer indefinidamente el cambio. Si sentimos que al frente tenemos una tarea gigantesca, muchas veces aplazamos su inicio. Sabemos qué puede exigir tanto de nosotros que llegue a intimidarnos. En este método de mejora continua se elimina ese factor.

Tan pequeño, que es imposible fallar

La clave mágica del método Kaizen es que nos invita a plantearnos metas o retos pequeños, pero constantes. Son objetivos tan accesibles a nuestras posibilidades que prácticamente es imposible fallar. Por ejemplo, si lo que deseas es pagar todas esas deudas atrasadas, el kaizen te invita a ahorrar una pequeña suma a diario.
Este modelo se basa en el principio de ir paso a paso. La filosofía es que fijando la concentración en cada paso, se llega lejos. De esta manera, la dificultad también tiene que ir subiendo, pero poco a poco. Por otro lado, no hay obligación de hacerlo. Solo se debe subir el escalón si realmente se desea. No es necesario incrementar el nivel de dificultad.
Lo único a lo que te comprometes con el método Kaizen es a mejorar en algún aspecto, en una pequeña proporción cada día. Obviamente, debes ser consciente de que algunas metas tardarán en completarse totalmente. Pero esto no importa. Lo que interesa es que cada día has trabajado por lograrla y que eso te haga sentir mejor.

Una cadena de realizaciones

El método Kaizen nos llama a no caer en la inercia, a no dejar pasar el día sin haber mejorado en algo. Lo importante aquí es que no te enfoques en la meta final, sino que realmente te concentres en el proceso. Este modelo nos llama, sobre todo, a cultivar un estilo de vida en el que siempre hay una mejora, un avance. Esto nos hace sentir ganadores con frecuencia.
Y no es solo la sensación satisfactoria de la meta cumplida cada día, sino también el hecho de que en verdad es una forma práctica de resolver grandes problemas. El propio Japón salió de una grave crisis aplicando esta filosofía. No lo hicieron de la noche a la mañana, pero sí lo lograron con honores.
Este método puede aplicarse a cualquier área de la vida. Desde metas como bajar de peso, hasta objetivos como ser más feliz. Solamente con comenzar a implementarlo es posible que te sientas diferente. Que experimentes mayor control sobre tu vida y mayor optimismo para vivirla.
(Fuente: Gema Sanchez Cuevas)

miércoles, 9 de mayo de 2018

Liberate de las etiquetas



Se acerca la primavera y muchas de las personas con las que comparto charlas y momentos me comentan que lo pasan muy mal con las alergias. Congestión nasal, estornudos, picor de ojos…los típicos síntomas de las personas alérgicas al polen.

Siempre que me cuentan estos casos, me acuerdo de un experimento referente al mundo de las alergias. Consistía en mostrar a un grupo de personas alérgicas a las flores unos ramos falsos, de plástico, y estudiar sus reacciones fisiológicas ante la situación.
Sorprendentemente, muchos de ellos comenzaban a mostrar síntomas idénticos a los descritos anteriormente, pero obviamente, el agente alérgeno no estaba presente en el ambiente.
Por tanto, ante esta situación, la única posibilidad ante estos resultados era la intervención cognitiva como desencadenante de los síntomas.

La sociedad y nosotros mismos estamos acostumbrados a etiquetar todo lo que vemos: unos somos alérgicos, otros gruñones, otros guapos, otros feos… y esas etiquetas influyen sobre nosotros mismos de una manera tan evidente como se muestra en el experimento de las alergias.
En este caso, los alérgicos ante la flor de plástico, ponían sus herramientas cognitivas a funcionar y "nuestra mente influye en el sistema inmune”, los pensamientos son una poderosa herramienta para influir en todos los ámbitos de nuestra existencia, incluido el físico o fisiológico.

También recuerdo un caso muy interesante que yo experimente en primera persona cuando tenía 15 o 16 años. En clase de Educación Física, al realizar la prueba de velocidad en 100m, mis tiempos eran notablemente superiores cuando corría junto a una persona que sabía a ciencia cierta que era más lenta que yo. Cuando ocurría lo contrario y sabía que mi “oponente” era más rápido que yo, era mucho más lenta y tardaba más segundos en completar los 100 metros.
Si desde pequeños nos dicen que se nos dan mal las matemáticas, es muy probable que seamos menos efectivos en dicha disciplina, si nos dicen que somos vergonzosos es más probable que nuestra capacidad de relacionarnos sea menor…

Por lo tanto, estemos muy atentos a las etiquetas que nos ponemos y hagamos una reflexión sobre como pueden afectar en nuestro día a día.
Darse cuenta de la existencia de esas etiquetas sobre nosotros mismos es complicado y el Coaching actúa como facilitador de cara a la toma de conciencia de dichas categorizaciones. 

miércoles, 2 de mayo de 2018

Somos lo que pensamos


 Lo que ocurre en nuestras vidas a nivel físico: trabajo, economía, vida social, incluso nuestro peso; es un reflejo de lo que ocurre interiormente dentro de nosotros a nivel mental o emocional. Reflejamos fuera lo que ya está dentro. Hay una ley que dice que toda creación física es precedida por una creación mental. De ahí la importancia de nuestros pensamientos.

Se dice que somos lo que pensamos. Muchos de nosotros creemos que los pensamientos no pueden ser gestionados, que nuestra mente funciona en automático. Pero esto está muy lejos de la realidad. Nuestros pensamientos condicionan nuestras vidas. Según pensamos, así nos sentimos y por consiguiente así actuamos.


Como ya nos decía Einstein hace algunos años “Tonto es aquél que espera resultados distintos, haciendo a diario las mismas cosas”. Si deseas que tu vida cambie, necesitas empezar por pensar de forma diferente.

Hay estudios que nos indican que nos volvemos adictos a nuestras propias emociones, y estas a su vez son fruto de nuestra forma de pensar. Hay personas que tienden a estar deprimidas, a verlo todo negro, a no ver soluciones en ninguna parte; mientras que otras siempre están alegres y ven el vaso medio lleno. La realidad en muchas ocasiones es igual para ambos tipos de personas, pero la forma en que la “vemos”, la interpretamos, produce una gran diferencia en nosotros y en nuestras vidas.

Veamos esto con un ejemplo, estamos viviendo momentos de cambio, de incertidumbre, de crisis; esta es la realidad. Ahora bien, la interpretación que hagamos de estos hechos es lo que va a cambiar la calidad de nuestras vidas. Usted puede interpretar la crisis como algo malo. Como cambios que modifican nuestro quehacer diario o por el contrario como un reto, una manera de cambiar para poder avanzar. Por tanto esta diferencia de interpretación es la que nos pone en una predisposición o en otra a la hora de actuar.

En realidad la única crisis real es la tragedia de no querer luchar para superarla.

martes, 24 de abril de 2018

Enfocaté para dejar de perder el tiempo


El tiempo es uno de esos factores que tiene el poder de atormentar almas, por su inmensidad y al mismo tiempo por su finitud. A veces parece como si jamás alcanzara, como si los días y las horas se hubieran acortado y nunca fueran suficientes para completar todo lo que tenemos que hacer. Tenemos la sensación de que los minutos se filtran como gotas de agua entre los dedos y no podemos hacer nada al respecto.

A diferencia de lo que muchos creen, gran parte del tiempo que perdemos, lo perdemos trabajando o realizando alguna de esas actividades que llamamos “productivas”. Esto se debe a la falta de enfoque: aunque hacemos la tarea, nuestro estado de dispersión nos lleva a que tardemos más de lo necesario en completarla.

De una manera o de otra, la consecuencia de esa percepción de que el tiempo no alcanza es un estado de angustia. Aparece una tensión entre la forma en la que avanza el reloj y la necesidad de cumplir con los objetivos propuestos. En esas condiciones, también pueden aparecer los bloqueos y los errores que no hacen más que incrementar la tardanza.

La falta de tiempo y las acciones compulsivas

Hay todo un conjunto de acciones compulsivas que realizamos día a día y que consumen buena parte de nuestro tiempo. Dentro de ellas se pueden mencionar algunas muy usuales como esa manía de mirar el móvil cada cinco minutos. Lo más probable es que no encontremos nada nuevo, o que si lo hay no sea relevante, pero a veces no podemos evitarlo.

También es muy frecuente que algo similar se haga con algunas páginas en el ordenador. Cuando revisas, hay más de 20 o 30 visitas a una web o a una red social, la mayoría de los cuales no encotramos información que sea novedosa y además relevante.

Cada uno tenemos nuestro repertorio de acciones compulsivas o repetitivas. Algunos simplemente interrumpen su labor para dejar volar su fantasía, para mirar a su alrededor o para hacer cualquier cosa que desvíe su foco atencional de la tarea principal que realizan.

Precisamente por ser compulsivas, estas acciones son inconscientes. Se realizan sin pensar y en ellas se va buena parte del tiempo. Responden a una dificultad para concentrarte, a la ansiedad o a una estrategia de trabajo deficiente.

La sobrecarga emocional y el tiempo

Las dificultades emocionales también nos quitan más tiempo del que suponemos. Además, también nos restan disponibilidad y motivación para enfocarnos en nuestros objetivos. Los problemas no resueltos suponen una carga emocional que se traslada silenciosamente a todo lo que hacemos.

Todos hemos dejado una tarea por resolver, ya sea por un motivo o por otro, y esta ha tomado vida propia en nuestra mente. Desde ese momento, de forma repetitiva y anárquica, ha invadido el espacio de nuestra conciencia. De ese pensamiento han nacido estados de ansiedad que nada tenían que ver con la situación en la que te encontrabas en ese momento.

Los conflictos sin resolver pesan en el día a día. Inciden severamente en nuestra capacidad de concentración, ya que son como ruidos molestos que dan falsas treguas y aparecen en los momentos más oportunos, estropeando situaciones placenteras. Finalmente, te teletrasportan al pasado o al futuro, dejando a un lado las sensaciones que emanan de tu situación actual.

Enfocarte para ganar tiempo

El tiempo, o mejor dicho su percepción, es una dimensión esencialmente psicológica. Corre o deja de correr, en función de lo que sientas o de lo que estés pensando. Un minuto es interminable en el dentista y pasa en un suspiro cuando estás en una situación agradable. Y precisamente al estar tan influenciado por lo que hay en la mente, resulta susceptible de administrarse de una manera más racional.

Para enfocarte y manejar mejor el tiempo, lo primero es reconocer y aceptar que siempre tendremos algo pendiente que hacer. Eso no debe ser fuente de angustia, sino que se tiene que mirar como una característica inmanente a la propia vida. Sabiendo esto, lo que sigue es idear una metodología que combine actividad y pausas. La dispersión es también una respuesta al cansancio y se ha comprobado que el cerebro comienza a fatigarse después de 25 minutos de atención sostenida en una única actividad.

Además de esto, es importante que en los momentos en los que no estés trabajando realices actividades creativas. El tiempo de ocio es tan o incluso más importante que el mismo tiempo de trabajo. Comprende todos esos lapsos de libertad, en los que puedes liberar tensiones y renovar tu energía emocional.

No desperdicies esos valiosos ratos en actividades repetitivas, como ver televisión. Tampoco inviertas todo tu descanso en situaciones que te saturen o te emboten: eso no te permite descansar de verdad. Para aprovechar mejor tu tiempo de trabajo, aprende a disfrutar de un descanso de alta calidad. Así sabrás enfocarte en lo importante y lo harás además con mayor acierto.

(Fuente: Edith Sánchez.- la mente es maravillosa)

miércoles, 18 de abril de 2018

Ofrece AMOR a pesar de las decepciones




Todos estamos un poco fragmentados. Cargamos con nuestras piezas rotas intentado unir los pedazos del puzzle imposible de nuestro corazón, ansiando ofrecer amor una vez más. Queremos amar y ser amados, sin embargo, las decepciones ya queman demasiado…

A menudo, suele decirse aquello de que siempre que estemos dispuestos a hacerlo todo por los demás, debemos estar preparados a que en algún momento, nos decepcionen. De alguna manera, es como si el dolor siempre estuviera implícito cuando hablamos de afectos, de amor, de cariños. Ahora bien, esto no es del todo cierto.

Nuestro cerebro emocional y social ansía la seguridad de un vínculo seguro. La seguridad garantiza al fin y al cabo nuestra supervivencia y ello explica por qué sentimos dolor cuando nos decepcionan. Algo en nuestro interior se rompe, se quiebra. El vínculo seguro desaparece y solo queda el vacío.

Es posible que en ocasiones construyamos unas expectativas demasiado altas hacia algo o alguien, puede ser, pero todos necesitamos ciertas garantías de que no vamos a ser heridos. De que a quienes elegimos ofrecer amor, no tiene por qué decepcionarnos ni romper ese vínculo así como así.

Por mucho que nos digan, nadie está preparado para asumir las decepciones como algo “normativo” en nuestras relaciones cotidianas.

Ofrece amor a pesar de las tristezas y el dolor

Estamos muy acostumbrados a que nos digan que las decepciones no las causan comportamientos inadecuados, sino las falsas expectativas que uno mismo se hace sobre las cosas. Ahora bien, esta frase de manual no tiene sentido en especial, cuando el comportamiento ha sido realmente cruel, inesperado y doloroso.

Cuando uno dispone de una buena amistad con alguien, no entra en sus expectativas que nos critiquen a nuestras espaldas. Cuando una persona llega a la ancianidad, no entra tampoco en sus expectativas que los hijos lo abandonen. Cuando uno ama y cree ser amado, nunca espera ser maltratado o humillado por la pareja.

Hay decepciones auténticas, profundas y descarnadas. Ofrecer amor después de estas experiencias vitales es poco más que una misión imposible, porque necesitamos tiempo. Necesitamos que las agujas del tiempo cosan y remienden heridas, “piezas rotas” que nuestro cerebro, lo creamos o no, interpreta como tal. Como heridas auténticas.

Según un estudio,  llevado a cabo por el psicólogo emocional Ethan Kross, tanto los rechazos, como las traiciones y las decepciones profundas son interpretadas por nuestro cerebro como un golpe, una quemadura o un impacto físico traumático.

La región cerebral que más se activa en estos casos es la ínsula, vinculada directamente con el dolor. Todo ello, nos demuestra que para el cerebro, una decepción es la ruptura de un hilo que nos ofrecía seguridad, confianza en algo o alguien que ahora, se ha desvanecido. Volver a ofrecer amor después de estas vivencias no es fácil, sin embargo, puede ser una buena medicina para sanar heridas.

No te canses de ofrecer amor y de quererte a ti mismo/a

Hay decepciones que se asumen como quien tolera el pinchazo de una rosa o beber cada día en una taza rota pero reparada con pegamento y mucho afecto, porque es nuestra favorita. Sanamos, perdonamos y avanzamos. Ahora bien, algo que no podemos tolerar es que nuestro corazón se convierta en una piedra. En caso de hacerlo, esa piedra caerá para siempre en el frío pozo del desánimo, de la vulnerabilidad y el fracaso.

El amor auténtico no duele. La amistad sincera no traiciona. Quien te quiere te puede decepcionar una vez, pero nunca más. Por ello, te proponemos reflexionar unos instantes en estas sencillas estrategias de afrontamiento, que nos pueden servir para superar estos instantes tan complejos.

Una decepción además de sufrimiento provoca que nos sintamos vulnerables. Cuando una persona se siente frágil más que ofrecer amor lo que necesita es recibirlo, recibirlo en especial de sí misma para reconstruirse, para validarse de nuevo con toda su integridad, fortalezas y autoestima. Algo así solo nos confiere el tiempo y un adecuado trabajo interior.
Además del factor tiempo, vamos a tener que gestionar tres sentimientos básicos: la rabia, el pesimismo y la impotencia. Una decepción arranca nuestras raíces y nos hace pensar que ya nada va a ser igual después de eso. Disipa estos tres jinetes de la infelicidad de tu corazón en cuanto te sea posible.
Asume por un lado, que no merecías lo que te ha pasado, pero acepta también que no mereces sufrir eternamente. No elijas el rencor como alimento cotidiano, no te prescribas el sufrimiento como medicina eterna, los efectos secundarios son devastadores.

Recuerda mejor algo indispensable: elegirte a ti. A ti por encima de todas las cosas, por encima de los miedos, de las incertezas y de los resentimientos. Elige volver a ilusionarte y sobre todo, a seguir cultivando lo que de verdad merece la pena: ofrecer amor. Piensa que a pesar de todas las decepciones, sigue existiendo gente buena.

(Fuente: Valeria Sabater.- La mente es maravillosa)

miércoles, 11 de abril de 2018

No te quiero para mi, te quiero conmigo


No te quiero para mí, te quiero conmigo. El amor no es posesión, es la unión de dos personas completamente distintas, o con algunos puntos en común, que se aceptan tal y como son. El amor son dos almas que se encuentran en el camino y que mientras conservan su identidad se entrelazan compartiendo un mismo destino.

Por eso te quiero conmigo, pero no para mí. Quiero que vivas tu vida y compartas esa vida conmigo, porque en esa vida no solo estaré yo. Seguirás tu camino y tendrás tu propio mundo, pero si tu destino está unido al mío, nos encontraremos compartiendo ese camino.

En el amor, cada uno de nosotros es responsable por lo que siente, y no puede culpar al otro por eso.Nadie pierde a nadie porque nadie posee a nadie. Y esta es la verdadera experiencia de la libertad: Tener lo más importante del mundo sin poseerlo”.

Construyamos nuestro universo

Construyamos nuestro propio universo donde haya espacio para nuestros planetas, nuestros sueños y nuestras metas. Donde contar como hemos vivido nuestro día, ese que hemos compartido con otras personas, otros trabajos, otros mundos, nos alegre el día.
Un universo con horizontes paralelos que permitan diferentes puntos de vista y que hagan de estas diferencias la virtud de seguir creciendo. Porque no somos uno, somos distintos, pero aprendemos de lo que cada uno de nosotros vemos. Compartimos nuestras vivencias porque nos conocemos de una manera tan íntima y verdadera, que somos libres de decir lo que sea con la seguridad de que sabremos lo que el otro piensa.

A veces, solo con mirarnos, sabemos lo que pensamos. Otras tenemos que explicarnos y otras no llegamos a comprender lo que el otro está pensando. Pero todas ellas, sin excepción, son maneras de amarnos porque somos libres y aun así preferimos mantenernos juntos en el universo que creamos.

Te quiero conmigo cuando rozamos nuestras manos y los nervios se apoderan de mi estómago. Te quiero conmigo para reírte de mis tonterías, de lo torpe que soy o de los despistes de los que siempre me avisas. Te quiero conmigo cuando sonríes, pero también quiero compartir esa sonrisa tan bonita con el mundo.

Te quiero feliz e independiente

Te quiero feliz e independiente. También loc@ y sonriente. Te quiero por cómo eres, porque es así como te ganaste mi corazón. No pretendo que seas perfect@ porque tampoco lo soy yo. Te quiero ver feliz a cada instante y por eso respeto todo lo que haces, aunque quizás yo no haría lo mismo. Pero eso es lo bonito, aprender que la vida no tiene un solo camino.
Vive, salta, corre y se libre, se feliz, que yo soy feliz viéndote disfrutar como si cada instante fuera a acabarse en un suspiro. Gracias por poner mi mundo del revés y hacer cosas que no pensaba llegar a entender pero que haciéndolas contigo han adquirido un nuevo sentido.
Es muy divertido llegar a casa y tener a alguien al que contarle las historias de otro lugar donde no va a estar. Las risas, los consejos y cualquier tontería que se nos ocurra sobre nuestros mundos será la base de nuestra propia realidad.
Una realidad que tiene sentido vivida por separado, pero contada cuando nos juntamos. Mantenemos nuestro espacio y sabemos que nos respetamos, nos amamos y disfrutamos. No somos prisioneros de lo que el otro hace, dice o piensa porque cuando no estamos juntos disfrutamos tanto o más que cuando estamos separados.

Por eso sabemos que nos amamos, porque a pesar de ser felices estando separados, elegimos pasar la vida con alguien al lado. Así, tener lo más importante del mundo, el amor, a nuestro lado, sin poseerlo pero compartiendo la felicidad con los demás, es la mejor manera de vivir en mi mundo. Un mundo que quiero compartir contigo, un mundo lleno de libertad, respeto, amor y felicidad.
( Fuente:  Lorena Vara González.- La mente es maravillosa)

martes, 3 de abril de 2018

Cinco claves para decir NO sin molestar al otro



Es posible que hayas tenido alguna conversación con un amigo, familiar o jefe que te pide algo que no te apetece demasiado, pero que acabas aceptando. Y no porque la otra persona tuviera una tremenda capacidad de influencia, sino sencillamente porque te resultó difícil decirle que no. Poner límites es una de las pruebas más difíciles a las que nos enfrentamos y uno de los mejores termómetros de madurez. No es fácil, reconozcámoslo. Nuestros propios miedos de serie no ayudan en exceso. Como decía Aristóteles, somos animales sociales por naturaleza, lo que significa que nos entregamos en cuerpo y alma a ser parte de nuestro grupo. Por eso, buscamos agradar, nos encanta que nos reconozcan los que nos importan y sufrimos cuando tenemos que decir “no” a personas relevantes para nosotros. Por suerte, esta dificultad va variando a lo largo de los años.

En la adolescencia caemos en los brazos del grupo y en general nos importa más lo que digan los compañeros de clase que los profesores o los  padres. Sin embargo, cuando crecemos, vamos conformando nuestra personalidad y nuestro carácter, y nos sentimos más fuertes y menos vulnerables si pronunciamos el maravilloso “no”. También tiene que ver con el género. Según algunas investigaciones, las mujeres tenemos tendencia a ser más complacientes que los hombres por una presión social o histórica, por la que se valora peor la asertividad femenina que la masculina. Pero, dicho todo lo anterior, necesitamos saber decir que no. Es la mejor manera de proteger nuestros límites, de cuidarnos y de crecer sin buscar la aprobación constante de los otros. Aprender a decirlo no significa ser desagradable o resultar áspero. Se puede conseguir de un modo amable, sin herir, defendiendo nuestra postura y sin hacer daño al de enfrente. Veamos cómo hacerlo con las personas que más nos cuesta, con aquellos que nos importan:

Primero, identifica qué límites quieres poner y con quién. Una pregunta previa consiste en saber en qué áreas te estás dejando llevar más: ¿es con la pareja?, ¿con el jefe?, ¿con los compañeros?, ¿cómo lo consiguen, cuando se ponen agresivos, cuando te adornan la petición... o siempre te ocurre? Eso te dará pistas. Una vez identificado, ponte un objetivo concreto y prueba con los siguientes pasos.

Segundo, da una respuesta de un modo amable, basada en los objetivos pero sin demasiadas explicaciones: “no puedo ayudarte con este informe, porque me han pedido que entregue este otro mañana y voy muy mal de tiempo”. No caigas en justificaciones infinitas, que aburren al interlocutor y te hacen perder fuerza; o en excusas fácilmente desmontables. Si dices, “no puedo ir a tu fiesta porque no tengo tiempo para preparar nada de comida”, la otra persona puede responderte que se encarga de todo o que debajo de su casa hay una tienda donde puedes comprar algo… Con su respuesta, te desmonta la excusa.

Tercero, incluye la técnica de la negociación. Siguiendo con el ejemplo anterior de la fiesta, puedes decir que no vas ese día por un motivo, pero como te apetece verle, le propones que te acercas otro día. O en el caso del compañero de trabajo que te solicita un informe, le dices que no puedes en ese momento, pero que cuando termines el que estás preparando puedes ayudarle. De ese modo, abres una ventana de oportunidad.

Cuarto, explica el impacto tomando como referencia a una tercera persona. Podría ser: “si hago esto que me pides, tendría que decirle que no a fulanito”. De esta manera, tu posición queda más protegida y tienes un argumento de fuerza. Esto ocurre muchas veces en temas familiares: “No puedo acudir a esta reunión porque le he prometido a mi hijo acompañarle en un evento del colegio”, por ejemplo.

Y quinto, aprende de alguien que te guste cómo gestiona estas situaciones y experimenta poco a poco. La ventaja de ser sociales es que mejoramos a través de la observación; por ello, fíjate en alguna persona que sea un referente, analiza sus argumentos, su lenguaje no verbal y ponlo en práctica en situaciones cómodas, primero, y más difíciles después.

En definitiva, aprender a decir “no” es básico para decir “sí” a lo que realmente nos importa. Lo necesitamos para cuidarnos, para proteger a personas o proyectos que sí queremos hacer y para no defraudar expectativas si aceptamos todo cuanto nos piden.
(Fuente: Pilar Jericó)

lunes, 26 de marzo de 2018

El arte de complicarnos la VIDA.- cuento del pescador

“Un hombre rico, empresario, bien vestido, ropas caras y talante derrochador, iba paseando por el puerto, cuando se encuentra con un modesto pescador. El pescador trabajaba en sus redes y en su pequeña barca y tenía un cubo lleno de un montón de peces recién pescados. El rico empresario le preguntó:
– Óiga, ¡usted tiene mucha maña! ¡Parece un pescador muy bueno! Usted solo y con esta pequeña barca ha pescado muchos peces. ¿Cuánto tiempo dedica a la pesca?
El pescador respondió:
– Pues mire usted, yo la verdad es que nunca me levanto antes de las 8:30. Desayuno con mis hijos y mi mujer, acompaño a mis hijos al cole y al trabajo, luego voy tranquilamente leyendo el periódico hasta el puerto, donde cojo mi barca para ir a pescar. Estoy una hora u hora y media, como mucho, y vuelvo con los peces que necesito, ni más ni menos. Luego, voy a preparar la comida a casa, y paso la tarde tranquilo, hasta que vienen mis hijos y mi mujer y disfrutamos haciendo juntos los deberes, paseando, jugando. Algunas tardes las paso con mis amigos tocando la guitarra.
– ¿Entonces me dice que en solo una hora ha pescado todos estos peces? ¡Entonces usted es un pescador extraordinario! ¿Ha pensado en dedicar más horas al día a la pesca?
– ¿Para qué?
– Pues porque si invierte más tiempo en pescar, 8 horas, por ejemplo, usted tendría 8 veces más capturas, y ¡así más dinero!
– ¿Para qué?
– Pues con más dinero usted podría reinvertir en una barca más grande, o incluso contratar a pescadores para que salgan a faenar con usted, y así tener más capturas.
– ¿Para qué?
– Pues con este incremento de facturación, ¡su beneficio neto sería seguro envidiable! Su cash flow sería el propicio para llegar a tener una pequeña flota de barcos, y así, hacer crecer una empresa de pesqueros que le harían a usted muy muy rico.
– ¿Para qué?
– ¿Pero no lo entiende? Con este pequeño imperio de pesca, usted solo se tendría que preocupar de gestionarlo todo. Usted tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que le venga en gana. No tendría que madrugar nunca más, podría desayunar cada día con su familia, podría acompañar a los niños al cole, jugar con ellos por la tarde, tocar la guitarra con sus amigos…”
¿Y no es eso lo que estoy haciendo ahora mismo? -concluyó el pescador.
Los seres humanos tenemos un don para complicarnos la vida. Es algo evolutivo, estamos diseñados para sobrevivir a las adversidades, por lo que cuando creemos encontrarnos ante una todo nuestro sistema defensivo se activa. El problema es que la mayoría de las veces no son adversidades reales. Más bien somos nosotros los que las interpretamos así.
Muchas de estas amenazas percibidas responden a pseudonecesidades. Estas no son más que deseos que nosotros mismos convertimos en necesidades absolutas, sin las cuales pensamos que no podemos ser felices o tener una vida digna.